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Sin tiempo para escribir, como se habrá podido notar. Pero me gustaría, al menos, recomendar algo que nos ayude a entender la que probablemente es la operación económico-ideológica del verano: la iniciativa de Bill Gates y Warren Buffet para donar la mitad de su fortuna a causas humanitarias, y para convencer a otros multimillonarios para hacer lo mismo.

La realidad, o las noticias (como sabemos, no necesariamente lo mismo) parecen surgir a veces como una ilustración de la teoría. Versión animada de una conferencia de Slavoj Zizek en Londres, hace unos meses.

La charla completa se puede ver aquí.

Por cierto, que la RSA ha comenzado una muy recomendable serie de resúmenes animados de charlas. Os dejo con una de David Harvey, sobre la crisis del capitalismo:

Rachel Corrie fue una activista pro-palestina norteamericana. Murió aplastada por un tanque israelí en 2003, en Rafah (Gaza).

Billy Bragg escribió esta canción en 2006 en su honor, adaptando una vieja canción de Bob Dylan, “The Lonesome Death of Hattie Carroll”.

‘Rachel Corrie’ es el nombre del último barco apresado por Israel, después del ataque hace unos días, en aguas internacionales, a la flotilla de ayuda a Gaza.

No me suelen gustar ciertos tipos de mitificación del 68. Sin embargo, en la presente situación, creo que podríamos aprender algo muy simple, y muy importante, de las imágenes que aparecen más abajo: la necesidad de la movilización. No esperar a que “nuestros” “representantes” digan lo que queremos: decirlo nosotros mismos, en las calles. Algo como lo que explicaba Josep María Antentas , hace unos días, en RNE. Algo como lo que están haciendo en otras partes.

Crystal Stilts, “Departure” (Vía La Escuela Moderna)

I discern a subtle stream
Converging in the quiet
Just behind the silence
My mind has slipped inside it
I can feel a past being fed me
A second hand future’s misled me
Second hand futures misled me
I feel a fate being fed me
To devour my memories
In a single sitting
Seems the only means
The only means befitting
A reunion with my beloved
A reunion with the sun
A reunion with the stars
A reunion with the sun
Though i know
Endless dawn awaits
Still I rotate at the gate
To watch my life escape
Never turning as it runs
My reunion with the sun
Never turning as it runs
I discern a subtle stream
Converging in the quiet
Just behind the silence
My mind has slipped inside it

Aunque no creo mucho en los premios, me alegré mucho el otro día al saber del fallo de éste. Por el apartado de poesía, se entiende: Francisco Ferrer Lerín ha recibido el premio de la Crítica por su último libro, Fámulo.

Como Einbahnstrasse anda un poco parado últimamente, he pensado en aprovechar la ocasión para rescatar algunas antiguas entradas relacionadas con Francisco Ferrer Lerín para celebrarlo. En concreto esta entrevista y una reseña que quien esto escribe hizo hace algunos años. Es nuestra forma de enviar nuestra felicitación al autor y, de paso, – por decirlo con una franqueza que estoy seguro de que Paco entenderá y agradecerá – aumentar a su costa el exiguo capital social (Bourdieu) de este blog. Enhorabuena Paco.

Mientras gobierno, oposición, partidos, sindicatos, empresarios, banqueros, medios, opinadores y demás siguen mareando la perdiz, parece que hay quien, desde abajo, sí que se ha decidido a hacer cosas. Noticia de Público, el pasado domingo:

La crisis económica resucita la toma de fábricas en España

Al menos 40 empresas en declive han sido reconvertidas en cooperativas al asumir su gestión los trabajadores. En ocasiones, el antiguo dueño de la compañía se suma a la iniciativa

 

Trabajadores de la cooperativa Metalva, en Alcañiz (Teruel).

PERE RUSIÑOL – MADRID – 25/10/2009 08:00

A Daniel Martínez, de 33 años, le despidieron de la empresa en la que trabajaba, en Mazarrón (Murcia), machacada como tantas por la crisis. Medio año después, sigue en la nave y es el dueño.

La crisis económica ha llevado a decenas de trabajadores en España a tomar empresas en declive y gestionarlas directamente. En lugar de contentarse con el paro, han despedido al dueño y han tratado de mantenerlas a flote reconvertidas en cooperativas.

La posibilidad de capitalizar el paro aumenta el cooperativismo

Aquí no se escucha el ruido de Argentina, cuando con el crash de 2002 miles de obreros se quedaron con las fábricas ante la huida de sus jefes y su lucha fue captada por la cámara de Naomi Klein y Avis Lewis en La Toma. Pero el goteo es incesante: Daniel Martínez y seis compañeros crearon el pasado abril la cooperativa Akami Tuna y trabajan incluso en la misma nave y con la misma maquinaria de la empresa que les despidió; la metalúrgica Metalva unió en Alcañiz (Teruel) a obreros que un día fueron a trabajar y el dueño se había fugado; los cooperativistas de Zero-Pro en Porriño (Pontevedra) desarrollan por su cuenta los proyectos de robotización que antes elaboraban para su jefe.

La Confederación de Cooperativas de Trabajo (Coceta) estima que en dos años se han tomado unas 40 empresas en España cuando en dos décadas no tuvieron constancia de ninguna acción parecida.

En ocasiones aunque raras, incluso el dueño se suma a la toma. Es el caso, por ejemplo, de Francisco Javier Jiménez, de 40 años, que era propietario de Cuin Factory, una pequeña empresa de producción y comercialización de muebles de cocina de Vilanova i la Geltrú (Barcelona). A principios de año, echó cuentas, le salieron rojas y comunicó a sus empleados que cerraba. Tras el shock colectivo, alguien sugirió arrimar el hombro juntos y seguir como cooperativa. Desde junio, el dueño ha dejado de serlo y es un trabajador más, sometido a la asamblea. Pero la fábrica sigue.

Catalunya es la comunidad donde se dan más estas experiencias

“La persona que hoy firma mi nómina era antes mi secretaria. Parece el mundo al revés, pero estoy muy satisfecho del paso dado: antes todo recaía sobre mis espaldas, ahora tengo compañeros de fatigas”, explica Jiménez. Como la situación es de economía de guerra, los seis cooperativistas se han autoasignado un salario de apenas 900 euros al mes. “Todos somos jefes y todos ganamos lo mismo, que espero que aumente a medida que dejemos atrás la crisis”, añade Jiménez, quien ironiza que sus ex obreros “ahora se dan cuenta de lo duro que puede resultar ser empresario”.

Catalunya es probablemente la comunidad donde se dan más experiencias de este tipo, hasta el punto de que la Generalitat creó en junio una línea de ayudas específicas para transformar una empresa mercantil en cooperativa. Y existe una cooperativa, Ara_coop, especializada en ayudar en el proceso de transformación. En el último año, las peticiones de información a Aracoop han aumentado el 50%.

El fenómeno se ha extendido sigilosamente por toda España ante la posibilidad de capitalizar el paro y con la riquísima experiencia acumulada en la crisis de finales de la década de 1970, cuando muchos obreros tomaron sus fábricas y las reconvirtieron en cooperativas. Algunas de esas empresas, como la catalana Mol-Matric, siguen funcionando de forma asamblearia 30 años después y generando beneficios.

“El problema, a veces, es directamente el propietario”, apunta Enrique Emsoleaga, gerente de Metalva, metalúrgica creada por cinco obreros cansados de que el dueño no les pagara. “Antes teníamos trabajo, pero nunca dinero. Ahora hacemos lo mismo, pero con mucha más libertad y nos ganamos la vida”, añade.

¿Y no son un engorro las asambleas para tomar decisiones? “No, para nada”, responde Emsoleaga con un punto de ironía. “Los acuerdos son siempre unánimes: trabajar, trabajar y trabajar”, dice. Las asambleas las hacen los sábados, en la fábrica, mientras de-sayunan con toda la familia.

Las razones para la toma no suelen ser ideológicas, sino prácticas, aunque muchos interlocutores no lo crean: “El responsable de un banco al que pedimos dinero cerró el portafolio cuando escuchó la palabra cooperativa. ¡Debía de pensar que estaba ante el mismísimo Lenin!”, explica entre risas Marcos Jalda, de Zero-Pro.

El título original, en alemán, es Nachrichten Aus Der Ideologischen Antike – Marx – Eisenstein – Das Kapital.

Eisenstein-Marx-Kapital

Portada de la edición en DVD por Suhrkamp.

Se trata de un largo documental del cineasta y escritor alemán Alexander Kluge sobre el proyecto de Eisenstein, finalmente inconcluso, de filmar El Capital. Durante algunos años, Eisenstein planeó una versión filmada de El Capital. Para ello, llegó a reunirse con James Joyce.

Eso da una idea del profundo modernismo de la obra de Marx. Modernismo en un sentido preciso. Más allá del hecho – sin duda significativo – de que dos de las figuras más importantes de aquel periodo histórico-artístico decidiesen comenzar un proyecto como aquel juntos, pensar en aquel intento  invita a reflexionar sobre  qué aspectos, qué potencial explicativo concreto, encontraban Eisenstein y Joyce en la obra de Marx.

Un fragmento del libro Eisenstein, Cinema and History, de James Goodwin, nos explica el proyecto original de Eisenstein. Aunque el director ruso encontraba multitud de temas “humanos” susceptibles de ser filmados, su preocupación esencial era trasladar el método dialéctico a imágenes. Eisenstein partía de ese entusiasmo y optimismo – tan modernistas, desde luego – depositados en las infinitas posibilidades del naciente lenguaje cinematográfico.

Lo que nos lleva a una siguiente pregunta: ¿qué aspectos ve ahora Kluge en la obra de Marx, y en ese titánico y olvidado proyecto de Eisenstein?

Kluge se explica en esta entrevista en la televisión alemana (en alemán sin subtítulos, lo siento).

Kluge explica su interés en Marx, y en hacer una película como la suya, a través de una bonita, pero peligrosa, imagen poética: para Kluge, Marx representa una estrella. Distante de nosotros, pero inamovible y eterna, no puede desaparecer. Sirve por eso de guía: es un punto de referencia para guiarnos en el presente.

El resultado es un documental de 570 minutos (sí: 570 minutos), compuesto por entrevistas (Hans Magnus Enzensberger, Peter Sloterdijk, entre otros), rollos de imágenes, fotos, recreaciones, con una constante pregunta que Kluge plantea a los participantes: ¿qué imágenes pueden servir para trasladar El Capital a una película?

La imagen de Marx como una estrella me parece admirable. Pero no puedo evitar discrepar parcialmente. Sí, desde luego, puede aplicarse esa imagen a la propia obra de Marx, contemplada como un monumento cultural de la modernidad. Algo para cuyo reconocimiento, por cierto, no hace falta ser marxista. Y me alegraría mucho, dicho sea de paso, ver más a menudo  si muchos autoproclamados liberales, supuestos  herederos exclusivos de la Ilustración, pueden ser capaces de hacer ese simple y honesto gesto. Pero sobre esa cuestión, verdaderamente crucial, sobre el vínculo entre la Ilustración y el marxismo, hablamos otro día si queréis.

Sin embargo, detrás de esa bella imagen que plantea Kluge se esconde tal vez una neutralización del valor científico de la obra de Marx: un valor científico que obliga a su continua revisión y que, por esa razón, hace de Marx algo menos poético, pero sin duda más desestabilizador. Algo menos “antiguo” y más inquietante (para algunos). Una obra sin terminar: no una estrella, sino un instrumento. Una herramienta, útil y cercana. No una afirmación distante, sino una interrogación.

En cualquier caso, voy a ver si consigo esta película. Creo que merece la pena.

ACTUALIZACIÓN (6/8/09)

Fredric Jameson, en el último número de la NLR, escribe unas notas sobre la película de Kluge.

Un artículo en la línea apocalíptica “que-viene-la-crisis-cierren-filas” inaugurada por El País hace unos meses, y que ha dado soberbias muestras como aquel reportaje que presentaba a Islandia como un futuro paisaje de Mad Max, en una pavorosa acumulación de síntomas, todos colocados al mismo nivel: préstamos del FMI, familias en bancarrota, y lo peor de todo: ¡la Orquesta Nacional sin poder hacer una gira por Asia!

(Debo este ‘insight’ a mi hermana Pepa, que tranquilizó mis nervios – “¡Islandia financiada por el FMI! ¡Perros y gatos durmiendo juntos!: ¡vamos a morir todos!” cuando le envié aquel reportaje)

La nueva “clase emergente” parecen ser los “mileuristas”: ¡hay libros sobre ellos, y hasta una película! De hecho, en el artículo no se utiliza el término “emergente”, sino “dominante”. Nada menos. “Hasta los políticos comienzan a mirar hacia ellos”. ¡Hasta los políticos! Acabáramos. “Dominantes”, ¿de qué? cabría preguntarse. ¿Con respecto a quién?

El País nos ofrece otras exclusivas: “Incluso en el periodo de mayor bonanza económica los sueldos cayeron”. Menos mal que los periodistas están siempre alerta, preparados para informarnos en todo momento (aunque ese momento sea el de hace diez años, cuando algunos “idealistas” ya habían empezado a alertar de esos pequeños detalles).

Y otra más:

“La marcada frontera que separaba la clase media de la exclusión y de los pobres se está derrumbando a golpes de pica como lo hizo el muro de Berlín, y algunos se preguntan si tal vez la caída del telón de acero no haya marcado el inicio del fin de conquistas sociales y laborales que costaron siglos (y tanta sangre), una vez que el capitalismo se encontró de repente sin enemigo”.

Aun con todo, el artículo resulta interesante como síntoma, y ofrece un par de reflexiones útiles, de la mano del periodista Massimo Gaggi y del economista Eduardo Narduzzi, autores de El fin de la clase media y el nacimiento de la sociedad de bajo coste (Lengua de Trapo):

“Nosotros hablábamos de la aparición de una clase de la masa, es decir, de una dimensión social sin clasificación que de hecho contiene todas las categorías, con excepción de los pobres, que están excluidos, y de los nuevos aristócratas. La clase media era la accionista de financiación del Estado de bienestar, y su desaparición implica la crisis del welfare state, porque la clase de la masa ya no tiene interés en permitir impuestos elevados como contrapartida política que hay que conceder a la clase obrera, que también se ha visto en buena parte absorbida por la clase de la masa. La sociedad que surge es menos estable y, como denunciábamos, potencialmente más atraída por las alarmas políticas reaccionarias capaces de intercambiar mayor bienestar por menos democracia. También es una sociedad sin una clara identidad de valores compartidos, por lo tanto, es oportunista, consumista y sin proyectos a largo plazo”.

Una descripción algo simple, entiendo: resulta muy fácil crear una macrocategoría como “clase de la masa” y meter a todo el mundo ahí. Pero sí señala la polarización que la acentuación de las desigualdades va a traer. Una polarización hacia la que la izquierda debe estar atenta. Lejos de representar una oportunidad política, esta crisis puede desembocar en un rebrote de la extrema derecha.

Sin embargo, el artículo nos tranquiliza inmediatamente respecto al surgimiento de movimientos políticos e “ideologías”:

“Puede que no sea muy romántico advertir de que, tampoco esta vez, seremos testigos de una revolución, pero es muy probable que la caída del bienestar se acepte con resignación, sin grandes algaradas, ante la indiferencia del poder político, que llevará sus pasos hacia la política-espectáculo, muy en la línea de algunas apariciones de Silvio Berlusconi o Nicolas Sarkozy, cuya vida social tiene más protagonismo en los medios de comunicación que las medidas que adoptan como responsables de Gobierno”.

¿Es un lamento? ¿Es una constatación? ¿O es un resoplido de alivio? “Política-espectáculo”. Eso tenía otros nombres: Benjamin lo llamó “estetización de la política”. Y hay otro término, relacionado con el anterior: fascismo.

En algunos de sus tramos, el artículo sí ofrece, al menos, algunos datos no por conocidos o esperables menos ilustrativos:

“El declive de la clase media se extiende por todo el mundo desarrollado. En Alemania, por ejemplo, un informe de McKinsey publicado en mayo del año pasado, cuando lo peor de la crisis estaba aún por llegar, revelaba que la clase media -definida por todos aquellos que ganan entre el 70% y el 150% de la media de ingresos del país- había pasado de representar el 62% de la población en 2000 al 54%, y estimaba que para 2020 estaría muy por debajo del 50%.
En Francia, donde los mileuristas se denominan babylosers (bebés perdedores), el paro entre los licenciados universitarios ha pasado del 6% en 1973 al 30% actual. Y les separa un abismo salarial respecto a la generación de Mayo del 68, la que hizo la revolución: los jóvenes trabajadores que tiraban adoquines y contaban entonces con 30 años o menos sólo ganaban un 14% menos que sus compañeros de 50 años; ahora, la diferencia es del 40%. En Grecia, los mileuristas están aún peor, ya que su poder adquisitivo sólo alcanza para que les llamen “la generación de los 700 euros”.
En Estados Unidos, el fenómeno se asocia metafóricamente a Wal-Mart, la mayor cadena de distribución comercial del mundo, que da empleo a 1,3 millones de personas, aplicando una política de bajos precios a costa de salarios ínfimos – la hora se paga un 65% por debajo de la media del país -, sin apenas beneficios sociales y con importaciones masivas de productos extranjeros baratos procedentes de mercados emergentes, que están hundiendo la industria nacional. La walmartización de Estados Unidos ha sido denunciada en la anterior campaña presidencial tanto por los demócratas como por los republicanos”.

Y está, claro, el caso español:

“Uno de los datos más reveladores se encuentra en la Encuesta de Estructura Salarial del Instituto Nacional de Estadística (INE), un informe cuatrienal pero que desnuda la realidad sociolaboral como ninguna otra. Según la misma, el sueldo medio en España en 2006 (última vez que se realizó) era de 19.680 euros al año. Cuatro años antes, en 2002, era de 19.802 euros. Es decir, que en el periodo de mayor bonanza de la economía española, los sueldos no sólo no crecieron, sino que cayeron, más aún si se tiene en cuenta la inflación”.
(…)
En España, la Encuesta de Condiciones de Vida, realizada en 2007 por el INE, señalaba que casi 20 de cada 100 personas estaban por debajo del umbral de la pobreza. El último informe FOESSA sobre exclusión y desarrollo social en España, de Cáritas, resaltaba que hay un 12,2% de hogares “pobres integrados”, esto es, sectores integrados socialmente pero con ingresos insuficientes y con alto riesgo de engrosar las listas de la exclusión. Su futuro es más incierto que nunca, y muchos hablan de un lento proceso de desintegración del actual Estado de bienestar.
(…)
En España hay un dato aún más revelador del vértigo que siente la clase media cuando se asoma al abismo de inseguridad que le ofrece esta nueva etapa del capitalismo. El número de familias que tiene a todos sus miembros en paro ha sobrepasado el millón. Y peor aún, la tasa de paro de la persona de referencia del hogar -la que aporta más fondos y tiene el trabajo más estable- está ya en el 14,5%, muy similar a la del cónyuge o pareja (14,4%), cuyo sueldo se toma como un ingreso extra, mientras que la de los hijos se ha disparado cinco puntos en el primer trimestre y está en el 26,8%”.

El autor del reportaje, inmerso en la supuesta “objetividad periodística”, no puede por supuesto terminar de atar los cabos de esta situación. Y no es culpa suya. Supongo que en el otrora “diario independiente de la mañana” se recibiría mal la caida en un tendencioso señalamiento de la conexión existente entre los datos económicos (el sistema económico como fatalidad, encarnación posmoderna de la Providencia divina) y las formas políticas (decisiones – o inhibiciones, más bien – de los gobiernos elegidos democráticamente) que han llevado a esta situación.

De hecho, el autor sí llega a mencionar esa cuestión:

“Los sueldos se han desplomado pese a la prosperidad económica e independientemente del signo político del partido en el poder en los últimos años (desde 1995 han gobernado sucesivamente PSOE, PP y nuevamente PSOE). La riqueza creada en todos esos años ha ido a incrementar principalmente las llamadas rentas del capital”.

He empezado el post con bastante sarcasmo hacia el artículo. Pero ahora me doy cuenta de que quizás lo que haya allí sea en realidad un periodista luchando con el Libro de Estilo de su periódico, cuyas  últimas ediciones tal vez ya no permitan esa anticuada grosería que consistía en intentar explicar las relaciones causales entre diferentes fenómenos. El periodismo político y económico parece tomar como modelo, cada día más, a Iker Jiménez: “Nosotros sólo presentamos hechos. Después, que sea el espectador el que extraiga sus propias conclusiones”. Se suele contar aquello de la frecuente sustitución en la prensa de términos como “capitalismo” por “la economía”. Pero otros mecanismos van más allá: la omisión de las explicaciones es un arma ideológica poderosísima.

Me diréis que, por supuesto, no corresponde al periodista elaborar tal explicación. Para eso están los “expertos” (se cita a varios a lo largo del reportaje). Significativamente, no hay ninguno que aborde del todo esa conexión política. Tampoco es culpa del autor: tira de las novedades editoriales, los libros a mano. Lógico. Pero lo que quiero señalar es cómo se construye esa “lógica”. Y sugerir otra discusión, más allá de este artículo particular: ¿cuál es el papel del periodismo en este contexto de crisis? ¿Está la prensa haciendo realmente su trabajo? ¿En qué consiste exactamente su trabajo?

Este artículo de Ramón Muñoz ofrece al menos algunos datos. Nos corresponde a los lectores, efectivamente,  terminar de hacer ese trabajo. Hacer esa conexión. Y pensar sobre ella.