archivo

Filosofía

Reseña de Marc Casanovas sobre el libro Fragmentos descreídos de Daniel Bensaïd. Copio y pego desde Izquierda Anticapitalista.

———————————————————————————-

De los viejos fragmentos al nuevo mosaico: por un retorno de la razón estratégica. Sobre Fragmentos descreídos de Daniel Bensaïd.

Marc Casanovas

“Las relaciones de clase y de género constituyen, en efecto, el único hilo rojo que permite jugar al salta-fronteras, fundir las armaduras identitarias, superar el estrecho horizonte de la “preferencia” familiar, nacional o comunitaria. Frente al desasosiego y al malestar de esas pertenencias de repliegue, de esos postigos vacíos y de esas puertas cerradas a cal y canto, la lucha de clases preserva la posibilidad de conjugar y de ligar en un combate común singularidades reconocidas y respetadas”
Daniel Bensaïd, Fragmentos descreídos

En su ya célebre ensayo sobre mayo del 68, Kristin Ross explica que uno de los síntomas más claros de la despolitización de la memoria del 68 y su reducción a “revolución cultural” se puede rastrear a partir del auge de los discursos anti-tercermundistas que han proliferado sobre todo a partir de los años ochenta entre los “nuevos filósofos” como André Glucksmann.

Estos discursos, poco después de echar raíces en la industria mediática y editorial, se expandieron, cual enredaderas, a una velocidad vertiginosa en el clima propicio de amnesia histórica que les ofreció la nueva y arrogante sociedad de consumo de la era Reagan. Y encontraron su corolario lógico en lo que hoy se llama “choque de civilizaciones”. En estos nuevos discursos, el viejo etnocentrismo colonizador vuelve bajo la forma elitista de un retorno a la ética y la cultura frente a la política. La vieja Europa y “Occidente” vuelven a sus tradiciones, a sus valores y a sus esencias “universales y democráticas” frente al no occidental, el cual representa la alteridad absoluta; la barbarie que sólo merece la compasión, el castigo o la ayuda de Occidente.

Como explica Alain Badiou, este retorno a la ética encubre un proceso de despolitización de la sociedad y legitima las nuevas formas de racismo e imperialismo que, bajo el discurso de los derechos humanos, nos ofrecen un nuevo “sujeto universal” Kantiano geopolíticamente escindido:

“¿Quién no ve que en las expediciones humanitarias, las injerencias, los desembarcos de legionarios caritativos, el supuesto Sujeto universal está escindido? Del lado de las víctimas, el animal despavorido que se expone en la pantalla. Del lado del benefactor, la conciencia i el imperativo. ¿Y por qué esta escisión pone siempre a los mismos en los mismos papeles? ¿Quién no siente que esta ética volcada sobre la miseria del mundo esconde, detrás su Hombre-víctima, al Hombre-bueno, al Hombre-blanco?” (Badiou, Alain., La Ética, p.37)

Durante los sesenta, en cambio, en las metrópolis, para sectores muy importantes de la población, la relación con el “Otro” colonizado se sustentó principalmente en una relación política. Donde “el Otro” era visto como un ser autónomo y racional con voluntad política, con aspiraciones e ideas propias que podían ser criticadas, discutidas y compartidas. La solidaridad con las luchas de Argelia, Vietnam, Cuba, el Congo… permitieron la absorción de sus ideas y aspiraciones, lo que a su vez representaba inevitablemente un proceso de ruptura con los sistemas y las estructuras “culturales” que hasta ese momento configuraban la propia “identidad” de mucha gente en las metrópolis: el Estado capitalista, el imperialismo, el consumismo, los partidos tradicionales… y, por tanto, esas aspiraciones fueron también asumidas y catalizadas por las revueltas en las propias metrópolis.

Pero esta apertura hacia el “Otro” de los sesenta no se daba tan solo respecto a los países que luchaban contra el imperialismo, sino dentro de las propias estructuras sociales de las metrópolis, con el “Otro” interior: el proletario, el inmigrante, las mujeres, los desheredados…

Hoy, con todo el ruido del culturalismo y las políticas de identidad, parece que pasamos por alto este factor político fundamental: los mayores ejemplos de “apertura hacia al Otro”, de comprensión “intercultural” del siglo pasado, los encontramos en el internacionalismo revolucionario de los años 20 y 30; en los 60 y 70 y, finalmente, en los nuevos movimientos antiglobalización que desde Chiapas a Génova, pasando por Bolivia, Ecuador, Venezuela o las manifestaciones contra la guerra de Irak, inauguran un nuevo ciclo de luchas; una nueva posibilidad de actualización del espacio de lo común; de una solidaridad no degradada a eslogan publicitario asistencial y compasivo, sino percibida como una comunidad de intereses y de objetivos frente a un enemigo común.

Marx contra Heidegger

En su libro “Pensar tras el terror” Susan Buck-Morse señala cómo el lenguaje está siendo apropiado hoy por los discursos del poder de un modo muy particular, que acaba negando su utilidad como herramienta para la crítica y la cognición social.

Morse denuncia que la actual apropiación “ontológica” de los discursos y las imágenes no permite juicios de verdad respecto a la práctica de los mismos. Así, cuando se dice: “Estados Unidos, Europa, Israel…son civilizados y por tanto no violan los derechos humanos” se está entrando en el terreno ontológico e irracional de la identidad y la “diferencia”, ya que bajo esta forma de discurso, hagan lo que hagan estos países, es por definición respetuoso con los derechos humanos, pues la forma de “ser” de estos países es respetar los derechos humanos.

Como señala Morse, muy distinto sería si invirtiéramos el orden del discurso: “Si el estado de Israel no viola los derechos humanos es civilizado”. “Si…entonces…” es una forma de discurso que, como se puede ver, admite juicios de verdad o mentira; se puede verificar si el discurso se amolda a la realidad de los hechos o no.

Esto, lejos de ser un simple juego de palabras, lo que pretende señalar es que resulta urgente recuperar una epistemología materialista geográfica e histórica frente esta “jerga de la autenticidad” que parece que se está apoderando de todos los discursos a derecha e izquierda.

En este retorno a Heidegger, parece que la pregunta por el origen, por el “Ser”, proporciona la explicación a todos los conflictos sociales sin el engorro de la historia y la política. De este modo, como señala Bensaïd, cualquier analista a sueldo de la OTAN (o desde la izquierda como en el caso de Michel Onfray), puede teorizar la incompatibilidad constitutiva del “ser” musulmán con los valores de igualdad o libertad, y definir el Islam como extrahistórico y “estructuralmente arcaico”…

Sin embargo, como explica Bensaïd siguiendo al Marx de La cuestión judía, no hay que buscar: “más el secreto del musulmán en los versículos del Corán, sino en las relaciones poscoloniales de la época de la mundialización liberal y de las revoluciones técnicas en la biología o la comunicación. No en un texto original, sino en el desarrollo histórico. No en el Ser inmutable, sino en las diferenciaciones del devenir”.

Diferenciaciones que, precisamente, como señala Aziz Al-Azmeh, en el caso de algunos islamismos políticos, se parecen sospechosamente a la imagen del musulmán construida por el orientalismo europeo. Y es que uno tiene a veces la sensación de estar leyendo una novela de E.M Forster o visionando Lawrence de Arabia cuando ve las crónicas del telediario sobre Oriente Medio. Como dice Frederic Jameson: “seguramente ello refleja la transformación propiamente posmoderna de la etnicidad en neoetnicidad, en la medida en que se lleva el aislamiento y la opresión de los grupos al reconocimiento mediático y a la nueva reunificación por la imagen”.

Ahora, esta pregunta por el “Ser”, con la inestimable ayuda de la crisis, ha permitido construir la imagen de los “auténticos europeos”, que desde Alemania hasta Francia, desde España hasta Italia, desde Holanda hasta Suiza, pasando por Dinamarca, han “descubierto” por fin sus orígenes humanistas y democráticos y reaccionan con “firmeza” y “responsabilidad” frente musulmanes, gitanos, inmigrantes y pobres varios (pues son “estructuralmente arcaicos”, “esencialmente patriarcales” e incapaces de “integrarse”).

Pero, como señala Bensaïd, esta pregunta por el “Ser” (con sus extravagantes neurosis por el origen) en muchas ocasiones no es ajena ni a la izquierda social ni a los oprimidos que reproducen como en una pesadilla los peores clisés del multiculturalismo liberal.

Es por ello que Bensaïd propone una “autonomía de apertura”, una “solidaridad crítica” entre los dominados que permita trascender y evitar este tipo de dispositivo entre los movimientos sociales y la máquina culpabilizadora que le acompaña, que acaba introduciendo la paranoia y el “pecado” en todas partes: “¿pero es acaso necesario ser negro para combatir el racismo, judío para combatir el antisemitismo, mujer para denunciar el sexismo y homo para denunciar la homofobia?  Instalarse en la sospecha recíproca generalizada no contribuye demasiado a romper el círculo vicioso de la dominación. […] Se trata de hacer un llamamiento a la resistencia y a la acción, exigir para empezar un examen previo de las conciencias y la confesión pública de la parte sombría que cada cual lleva dentro es un mal comienzo”.

Internacionalismo o barbarie

Así pues, en Fragmentos descreídos, Bensaïd apela a la tradición histórica de un universalismo “en proceso” para romper con esa dialéctica del amo y del esclavo en la que los oprimidos y la izquierda “nos resignamos a dar vueltas en el círculo de la reproducción colonial”.

Frente los mitos identitarios en los que “la opresión se convierte en un asunto de filiación y se insinúa entre los oprimidos una forma perniciosa de derecho de sangre en detrimento de las solidaridades por construir”; frente las idolatrías de los poderosos que convierten la razón en razón de Estado y sus discursos de humanismo y universalismo en las palabras tiernas que un sádico profiere ante sus víctimas mientras les arranca la piel a tiras… Frente a esto, Bensaïd nos propone apostar por una razón estratégica, una política profana de situación donde la universalidad, la justicia, la igualdad, la emancipación de la mujer, el comunismo… sean a la vez proceso y horizonte regulador. Señala las carencias, la necesidad de pensar las solidaridades por construir desde cada opresión específica y las tareas concretas de cada situación necesarias para una humanidad emancipada de los propios mitos que la subyugan.
Así, por las páginas descreídas de Bensaïd pasan personajes revolucionarios y descreídos de mitos identitarios varios como Franz Fanon: “Aun conociendo perfectamente el uso colonial del universalismo abstracto, Fanon pretende asumir plenamente el universalismo inherente a la condición humana […] La negritud es un camino, no una meta. A través del daño particular, quiere tender hacia lo universal” (p. 116).

Malcolm X: “fue abatido por los asesinos. Fue el desenlace lógico de un recorrido que le había conducido, en pocos meses, de la comunidad racial y religiosa a un internacionalismo universalista. Su evolución, era, sin duda, demasiado inquietante para muchos” (p. 131).

Edward Saïd y Michel Warschawsky, palestino y judío respectivamente, apostando uno y otro por la alternativa binacional frente al apartheid y la nación étnica impuesta de forma criminal por el Estado de Israel: “Los israelíes y los palestinos están demasiado inextricablemente mezclados como para estar separados, incluso aunque ambas partes reclamen hoy esta separación. A condición de razonar en términos de ciudadanía más que de nacionalidad, la coexistencia, en un país desembarazado del etnocentrismo y de la intolerancia religiosa, de dos comunidades que gozaran de derechos políticos iguales sobre una tierra común sería un cambio concebible. Y necesaria. Ya que, fueran quienes fueran sus autores, una limpieza étnica seguiría siendo una limpieza étnica” (p. 100).

O el militante Abdellali Hajjat respondiendo a la doxa bienpensante liberal a propósito de las causas de explosión social de las banlieues: “Las causas de este furor popular son sociales y políticas, y no étnicas y religiosas. No se trata de una falta de integración, palabra que ya no tiene ningún sentido hoy en día, en la medida en que tiende a privilegiar la peligrosa batería de explicaciones culturalistas” (p. 165).

En definitiva, Fragmentos descreídos es un libro imprescindible y de una enorme actualidad que intenta descodificar los conflictos de un mundo en descomposición cuyos pánicos identitarios, convulsiones polémicas en torno “civilizaciones” y “religiones” y repliegues autoritarios son síntoma de una crisis de modelo y también de paradigma para pensar alternativas a dicho modelo: “hay que explorar la posibilidad de una política más allá del paradigma clásico y sus categorías. Hay que estar a la escucha de los choques de acontecimientos y de las experiencias fundadoras susceptibles de despertar la razón estratégica de su gran letargo”.

Un nuevo internacionalismo debe ser levantado, nuevas mediaciones políticas entre lo particular y lo universal deben constituirse, pues el fin último de una comunidad universal que es el comunismo deviene una necesidad objetiva y concreta cuando la universalidad abstracta del capital tiende a fagocitarlo todo.

La New Left Review, referencia fundamental de la izquierda más académica y teórica, cumple cincuenta años. Entre sus editores y colaboradores se cuentan Perry Anderson, Robin Blackburn, Stuart Hall, Tariq Ali, Terry Eagleton, Fredric Jameson, Eric Hobsbawm, Mike Davis, o David Harvey, por decir algunos. En este nuevo número se unen su primer editor, Stuart Hall, y su actual editora, Susan Watkins, para hacer un balance del pasado y un bosquejo de futuro.

Stephan Collini, en The Guardian, hace un repaso a la trayectoria de la revista.

Como lector más joven, esa larga trayectoria, por razones obvias, me supera ampliamente. No puedo valorar las fases, los giros, los cambios que sucesivas décadas, flujos y reflujos de movimientos, auges y caídas, han ido trayendo a la NLR, ya que mi conocimiento de todos ellos, cuando lo hay, es prácticamente libresco. Pero quizá pueda hablar de lo que la NLR es hoy, o ha sido estos últimos años. Había leido algunos artículos por internet (recuerdo el importante “Renovaciones” de Anderson, en uno de esos momentos – muy polémicos – de cambio de la revista), pero creo que el primer número que compré, hace unos seis años, fue uno en el que había un artículo de Mike Davis. Entonces yo no sabía quién era Mike Davis, ni que aquel artículo era en realidad un largo fragmento de lo que dos años después se publicaría bajo el título de Planet of Slums. Pero sí he recordado, desde entonces, el comienzo de aquel texto:

“Sometime in the next year, a woman will give birth in the Lagos slum of Ajegunle, a young man will flee his village in west Java for the bright lights of Jakarta, or a farmer will move his impoverished family into one of Lima’s innumerable pueblos jovenes. The exact event is unimportant and it will pass entirely unnoticed. Nonetheless it will constitute a watershed in human history. For the first time the urban population of the earth will outnumber the rural. Indeed, given the imprecisions of Third World censuses, this epochal transition may already have occurred”.

En ese momento me enteré de qué iba aquello de la globalización. No es que no tuviera ni idea, claro. Pero en ese momento, como se dice con mi verbo favorito en inglés, lo realicé. Como realicé, asimismo, que la mayoría de cosas que había leido en la prensa acerca de la globalización solían oscilar entre la tontería (inútil) y la superficialidad (interesada).

Ese párrafo inicial de Davis resume la que creo que es la mejor cualidad de la NLR: ofrecer un análisis más a largo plazo, condensar – como suele hacer Perry Anderson, tanto en la NLR como en la London Review of Books – meses y años de noticias en unas páginas para poder observar las estructuras, los procesos, los patrones, muchas veces tan difíciles de ver, que sostienen eso que llamamos actualidad. Esto es, hacer el trabajo de pensar: el trabajo intelectual en el mejor sentido del término.

Es muy posible que para un lector más mayor la NLR ha derivado a una versión más suave, una línea de marxismo light o ni siquiera marxista en muchos de sus colaboradores actuales. A otro posible lector, un lector externo, no militante, digamos, quizás esa accidentada trayectoria resumida por Collini le parezca una demostración más de la incoherencia, el sectarismo y las modas de la izquierda. Seguramente ambos tengan parte de razón, pero creo que ese tipo de cambios y evoluciones es, por otro lado, el simple resultado de ser, como la NLR ha sido, verdadero testigo de la historia. O precisamente, algo más que un testigo. En cualquier caso, de pocas revistas, de cualquier tendencia, se puede decir eso.

Es un simple aniversario, pero quería aprovecharlo para hacer este pequeño agradecimiento y animar, a quien no conozca todavía la NLR, a leerla. La edición en español puede verse aquí.

Una extraordinaria entrevista a Pierre Bourdieu en 1991. Dividida en cuatro secciones -el sistema educativo, la sociología como ciencia, los juicios del gusto, y masculino-femenino –  a lo largo de la entrevista Bourdieu va explicando los temas y conceptos principales de su obra.

Pongo aquí la primera parte, después se pueden buscar las partes restantes (son cinco en total):

http://diariospensamiento.wordpress.com/

SIMPOSIO INTERNACIONAL

El diario como forma de escritura y pensamiento en el mundo
contemporáneo

22 y 23 de octubre de 2009
Universidad de Zaragoza
Grupo Riff-Raff

El diario se ha convertido en un género característico del quehacer intelectual contemporáneo. Podríamos decir que son textos “subterráneos” ya que, aunque no surgen de propósitos teóricos, constituyen la base sobre la que se han formado obras de carácter literario y/o filosófico que han resultado fundamentales para interpretar los fenómenos culturales de nuestro presente. Analizar cómo y por qué esto es así, es uno de los objetivos principales del espacio de diálogo y reflexión que organizamos como Simposio con el título “El Diario como forma de escritura y pensamiento en el mundo contemporáneo”. Los diarios permiten construir, por sus características formales, imágenes que no se podrían simbolizar por medios formales habituales de otros géneros. En el último siglo, especialmente en los convulsos períodos de las dos grandes guerras y de entreguerras, son varios autores y pensadores los que han utilizado el diario como forma expresiva, en el que van mucho más allá de una expresión de lo personal, pues lo que buscan es la lógica de una época que es la nuestra. Intentan ofrecer, en suma, una imagen que pueda representar los momentos de un tiempo del que, cada uno a su manera, formaron parte. Así, en la medida en que aspira a representar la verdad, el diario se convierte en obra de arte y pensamiento, y se hace interesante tanto para la filosofía como para los estudios literarios, precisamente porque excede las formas conocidas de literatura y filosofía.

.

PROGRAMA DE REUNIONES Y PONENTES INVITADOS

Jueves, 22 de octubre

Recepción de participantes y entrega de material: 8:30-9:00

Presentación del Coloquio (30 minutos): 9:00-9:30

Ponencia inaugural (9:30-10:15)

Malcolm Read (State University of New York): “Sobre los diarios y las rupturas ideológicas”

1ª Sesión

1ª y 2ª Ponencias (10:15-10:45 y 10:45-11:15)

Claudia Gidi (Universidad Veracruzana): “Entre lo público y lo íntimo: el diario de los dramaturgos”

David Pérez Chico (Universidad de Zaragoza): “Los diarios secretos de Wittgenstein: una lectura perfeccionista)”

Debate: 30 minutos

Descanso: 30 minutos

2ª Sesión

3ª Ponencia (12:15-12:45)

Luis Beltrán (Universidad de Zaragoza): “Diario y novela”

Daniel Mesa Gancedo (Universidad de Zaragoza): “Espacio comunicativo e identidad subjetiva en los orígenes del diario íntimo en Hispanoamérica: el caso de Soledad Acosta”

Debate: 30 minutos

3ª Sesión

4ª y 5ª Ponencias (16:30-17:00 y 17:00-17:30)

Daniel Cabrera (Universidad de Zaragoza): “Diario de Moscú de Walter Benjamin”

Raúl Bueno (Dartmouth College): “Diario y estética narrativa en Julio Ramón Ribeyro”

Debate: 30 minutos

Descanso: 30 minutos

4ª Sesión

6ª y 7ª Ponencias (18:30-19:00 y 19:00-19:30)

Jose Antonio Escrig: “El calendario del humorista moderno”

Pablo Lópiz (Universidad de Zaragoza): “Devenir escritura. Los diarios de Kafka”

Debate: 30 minutos

Viernes, 23 de octubre

5ª Sesión

8ª y 9ª Ponencias (9:00-9:30 y 9:30-10:00)

Fernando Romo (Universidad de Vigo): “Un diario heterodoxo, ‘Ex captivitate salus’, de Carl Schmitt”

Elizabeth Corral (Universidad Veracruzana): “Narrar la interioridad. El diario en la obra de Sergio Pitol”

Debate: 30 minutos

10ª y 11ª Ponencias (10:30-11:00, 11:00-11:30)

Martha Munguía (Universidad Veracruzana): “Más allá de lo confesional, por los senderos del humor: La letra e de Augusto Moterroso”

Luisa Paz Rodríguez (Universidad de Zaragoza): “Los diarios de E. Jünger como forma del presente”

Debate: 30 minutos

Descanso: 30 minutos

6ª Sesión

12ª Ponencia (12:30-13:00)

Vicente Rubio (State University of New York): “Express yourself: Los blogs o el diario en la lógica cultural del capitalismo multinacional”

Debate: 30 minutos

7ª Sesión

13ª y 14ª Ponencias (16:30-17:00, 17:00-17:30)

Julio Rodríguez Puértolas (Universidad Autónoma de Madrid): “De Vetusta a Nueva York pasando por Dos Rios”

Carlos Javier Morales: “Los diarios de José Martí como fragmentos de un todo inabarcable”

Debate: 30 minutos

Ponencia de Clausura (18:00-18:30)

Jose Luis Rodríguez (Universidad de Zaragoza): “Lukács: sobre el Diario amargo de una crisis juvenil

Debate: 30 minutos

Clausura del Coloquio

Una conferencia de Jacques Rancière en Delhi el 6 de febrero de este año. El motivo de la charla era la presentación de la traducción al hindi de su obra Nights of Labor. Workers’ Dream in 19th Century France. Por el tema del libro de Rancière, y al tratarse de, como el título de la charla indica, una revisitación del mismo (y muchas otras cosas, como se verá), creo que es una conferencia más que adecuada para continuar con esta semana dedicada al trabajo.

La charla está dividida en seis partes. Os pongo la primera, podéis seguir desde ahí. El inglés de Rancière, por otro lado, es muy…francés, aviso.

He leido muy recientemente, y muy poco todavía, a Rancière. Sin embargo, ha sido lo suficiente como para admirar su capacidad explicativa. Y algo más. Más allá de su especialización filosófica, puede encontrarse en su discurso un sentido político directo. Me atrevería a decir que está pidiendo a gritos la puesta en práctica de algunas de sus ideas en el campo de la retórica política, de la lucha ideológica inmediata.

En Nights of Labor, Rancière, partiendo de la definición platónica de trabajador como aquel que no dispone de tiempo, que debe obedecer a una división de su propio tiempo ordenada por otro, reflexionaba sobre los movimientos obreros en la Francia del XIX, en cómo se habían constituido a partir del intento de otra división del tiempo: por la noche, después de la jornada, robando horas al descanso, los trabajadores se reunían para confeccionar sus periódicos, organizar debates, grupos de discusión, clases y actividades.

Esta noche me siento incapaz de emular a aquellos trabajadores. Quede de momento el video, para abrir la posibilidad de discutir.

Se pueden encontrar en la red algunos materiales en español que pueden servir como introducción breve a Rancière. Por ejemplo, este artículo de Luis Roca Jusmet, publicado originalmente en El Viejo Topo de este mes de septiembre. Y también este otro de Marina Garcés para Riff-Raff.

En Scribd y páginas similares pueden encontrarse bastantes textos suyos.

El pasado mes de julio se celebró en Londres la conferencia internacional Marxism 2009. En un excelente cartel de ponentes (David Harvey, Terry Eagleton, Tariq Ali, John Bellamy Foster, István Mészáros, entre otros), destacaba sobre todo el debate titulado “What does it mean to be a revolutionary today?”, sostenido entre Alex Callinicos y Slavoj Zizek.

Se trataba de un debate muy esperado. En marzo de este año, el Birkbeck College of Humanities de Londres, del que Zizek es director, organizó el encuentro The Idea of Communism. Con ponentes como Alain Badiou, Giorgio Agamben, Terry Eagleton, Jacques Ranciere, Toni Negri, Gianni Vattimo y otros muchos, la conferencia resultó un verdadero éxito de taquilla (algo meritorio si se tiene en cuenta que los asistentes debían pagar unas 100 libras (de las antiguas libras) para asistir a un simposio sobre una “idea” que, para muchos, lleva unos veinte años muerta y enterrada).

Aquella conferencia trajo también su dosis de polémica. Unos dias antes de su celebración, Callinicos escribía un duro artículo reclamando a Zizek un posicionamiento político más claro. Por supuesto, habrá quien piense que se trataba de una rabieta personal de Callinicos por no haber sido invitado al evento. Esa sería, supongo, la reducción ideológica habitual que todo lo explica y que, como de costumbre, nos evita tener que pensar más allá de ella. Lo cierto es que no era, desde luego, la primera vez, ni la más importante, en que Callinicos criticaba a Zizek. Lo hizo ya en The Resources of Critique (2006), donde también revisa la obra de Badiou y Negri.

Callinicos y Zizek son dos figuras insustituibles de la izquierda ahora mismo. Y representan, al mismo tiempo, dos líneas presentes en el marxismo académico. Sobre este asunto me gustaría escribir más en extenso en otra ocasión, pero presento ahora esas dos lineas esquemáticamente, para introducir el debate. La línea representada por Callinicos sería más “clásica”, “ortodoxa” si se quiere, en su concepción de la relación entre labor intelectual y organización política. El mismo Callinicos la personifica: es a un tiempo profesor en el King’s College y dirigente del Socialist Workers Party, y un militante activo en luchas a pie de calle, como las protestas contra la cumbre del G20 en Londres el pasado mes de abril.

Zizek representa, por su parte el éxito de otra línea cuyos anclajes políticos concretos son distintos. Badiou, Ranciére, y otros quizás sean muestras de esa línea. Su ligazón política se establece con organizaciones de nuevo cuño,  o movimientos sociales muy específicos. O, a veces, como el propio Zizek, con ningún tipo de organización (que yo sepa). Al mismo tiempo, parece ser esa línea la que está conociendo un mayor éxito en ámbitos académicos (en EEUU sobre todo). El mundo académico estadounidense suele acoger de buen grado discursos de tipo “radical”. El problema es que, dada su desconexión con la compleja realidad social del país, esos discursos terminan derivando, la mayoría de las veces, en un radicalismo chic (que el mismo Zizek ha denunciado en numerosas ocasiones).

Por falta de tiempo y capacidades, no puedo ponerme ahora a juzgar los logros de ambas líneas (que deberían ser matizadas, por otra parte). Lo que sí quiero señalar, en el presente contexto, en el que se llega a hablar de un cierto “retorno de Marx”, es el interés y la necesidad de un debate entre ambas. Porque si bien hay muchos síntomas que hablan de aquel retorno, todavía nos queda por saber en qué vaya a consistir exactamente  éste. Ambas posiciones representan algo más que opciones personales a la hora de concebir la tarea académica en términos políticos, y van más allá incluso de la más extensa cuestión de la relación entre teoría y práctica.

Volvamos al título de la conferencia de marzo: The Idea of Communism. Zizek y Badiou parecen apostar por un cierto “idealismo”. Lo sugerente de sus posiciones tiende, muchas veces, a desdibujar las propuestas políticas concretas. El comunismo, según Badiou, es una idea eterna, encarnada en diversos eventos (1917, por ejemplo) a los que el revolucionario debe mantenerse fiel. Es precisamente esa inconcreción política lo que Callinicos critica.

Al mismo tiempo, la presente situación política no parece invitar a una continuidad de las organizaciones políticas tal y como las hemos conocido hasta ahora. Del análisis de esa situación parten iniciativas como la del NPA francés, o la de Izquierda Anticapitalista en España. Con todas sus limitaciones, creo que son organizaciones que están intentando abrir un nuevo espacio, una nueva relación entre partido y movimientos sociales.

Os dejo con las intervenciones. Las acompaño con apenas unas notas que mencionan algunos contenidos de las mismas.

Alex Callinicos:

Callinicos comienza recordando a Gramsci, y concluye volviendo a Luckács. Su posición resulta, efectivamente, “ortodoxa”. Sin embargo, creo que es saludable, en el sentido de señalar hacia preocupaciones políticas concretas. Un discurso quizás menos brillante, novedoso o seductor que el de Zizek, pero muy necesario. La principal preocupación de Callinicos es la construcción de nuevas formas de organización política, y la superación de la desconfianza de la izquierda intelectual hacia la forma Partido.

Slavoj Zizek:

Zizek considera preciso llevar a cabo una “crítica de la nostalgia” en la izquierda. Ésta abarca tanto la experiencia soviética como la tradición socialdemócrata, así como la tendencia – tan extendida en el intelectual occidental – a buscar un refugio ideal en otros lugares (Cuba, Venezuela) sin ejercer la crítica hacia los mismos. La mejor manera que tenemos, dice Zizek, de apoyar esos procesos, es precisamente criticándolos honestamente.

Uno de los mejores puntos de Zizek es la necesidad de destacar que son precisamente los liberales quienes van a necesitar la ayuda de la izquierda radical para salvar su democracia. Callinicos, en Resources precisamente, apuntaba también en esa dirección en un capítulo dedicado a reflexionar en torno a las posibles aportaciones de un diálogo entre el liberalismo igualitarista de Rawls y el marxismo.

David Harvey, un día después, se unió al debate en su intervención en un panel sobre la crisis:

Harvey describe la teoría del cambio social presente en El Capital. Ésta se compone de una serie “momentos”, o factores, que Marx establece para el análisis de una situación histórica concreta: la relación con la naturaleza, la teconología, las relaciones sociales, la organización de la producción, y la ideología. A esos momentos, Harvey añade otros dos: la vida diaria y las instituciones.

Esos siete momentos coevolucionan, en diverso grado y medida, produciendo los desequilibrios y contradicciones que constituyen el desarrollo de la historia. Los diferentes movimientos sociales y políticos tienden a concentrarse en uno o varios de estos factores. Lo que Harvey considera imprescindible es comenzar a conectar esas diferentes perspectivas en una “visión” más amplia, de la que la izquierda ha carecido hasta ahora. Para ello es necesario liberar los recursos científicos, teóricos e intelectuales que ahora se encuentran encerrados en campos institucionales como el sistema universitario, entre otros.

Tres magníficas intervenciones que apuntan hacia una serie de cuestiones cruciales: ¿Cual es la función política del intelectual? ¿Cómo puede construirse una nueva articulación entre intelectuales y organización política? ¿Qué papel político juega el conocimiento? Esa nueva articulación deberá construirse a partir de un fuerte proceso de crítica (y autocrítica) de ambas entidades: ¿qué intelectuales? ¿qué organización política?

Un interesantísimo documental de la BBC emitido hace apenas unos días. Se trata de una disección de la fase del Terror de la Revolución Francesa, y de su máximo protagonista, Robespierre. La narración se desarrolla a partir de los recursos habituales: dramatizaciones (basadas en fuentes históricas), voz en off, y la puesta en confrontación de comentarios y argumentos de diferentes autores (Slavoj Zizek y Simon Schama entre muchos otros).

Os pongo la primera parte (de 9).

Y aquí la playlist donde podéis ver el documental completo.