Hace tiempo que nos olvidamos de la querida Bruja Avería. Es ahora, al volver a verla, cuando comprendo que no desapareció porque La bola de cristal terminara, sino porque consiguió un puesto en el FMI. Después de algunos años, y varias destinaciones, repartiendo consejos por el mundo (especialmente Latinoamérica) ha vuelto a casa, a Europa, para fundirnos con su sabiduría.

El video lo he sacado de  Profesores para la crisis económica, una magnífica iniciativa para reunir materiales didácticos de todo tipo que ayuden a explicar la crisis actual. Y como la crisis actual es una cosa tan misteriosa y compleja, según los consabidos expertos, seguramente será necesario hacer acopio de materiales de lo más inesperado. La crisis, efectivamente, no comienza cuando unos señores, los alquimistas de nuestro tiempo, cometen ciertos “excesos” y transforman la apropiación de plusvalía en inversiones en bolsa, y éstas en yates y enormes casas repartidas por todo el globo. La crisis comienza, a veces, en un lugar lejano e inesperado: una tarde, en la sala de estar de una vivienda normal y corriente en la que un chaval asiste callado, los ojos abiertos como platos, bocata de nocilla en la mano, a un largo desfile de gritos, golpes, insultos y comportamientos nauseabundos.

Las crisis, sin embargo, no sólo son una repentina acumulación de contradicciones, una especial densidad de malas noticias, dentro y fuera de los periódicos, o una sucesión de caras largas (la ansiedad, la preocupación) por la calle. También son una oportunidad para detenerse y pensar. Pensar en porqué hacemos lo que hacemos, y en cómo lo hacemos. Y pensar en si podemos hacerlo mejor.

Muchos ánimos para esta gran iniciativa y un abrazo y gracias para Ana Fernández Cebrián, por haberme hecho saber de ella.

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Tools

Here associations are more explicit, although that may have only to do with the fact that one’s information of the Dine family’s involvement with classic hardware tools —they had a store in Cincinnati—is both provocative and secure. It was the substantial factor in the family’s economy. The young artist worked occasionally in the store relating. Tools are both insistent and functional, suggest a complexly ranging physical environment and also keep the stability of ‘home,’ are familiar and strange.

He obviously thought about them a good deal and if the hearts were and are the emotional weather of his life, the robes the attempt to see oneself not only as others might see one but as that sight given back, then tools are somehow what one does and can do. Or, perhaps better, one can recognize things are done and these things do them. The occasional presence of a glove in the company, in “Untitled (1973),” for example, makes clear the transitional factor of agency, the who does what with what. The tools are forever. At times they are far more than what their function, taken literally, will provide for and two hammers with immensely elongated handles become “The Hammer Doorway.” How can one confidently propose this is simply a metaphor for what hammers can make, or a play on the visual suggestions of a hammer head, or even some threatening possibility there is to be violence ‘inside’?

At times the tools are codifying anchor for a reality—the artist’s whimsical and perceptive understanding of the powers of order—that includes a solid emphasis upon all manner of literal and abstract thing. “Five Feet of Colorful Tools,” crowding in all respects the top of this painting “with board and objects,” has as much practical density as people waiting for a subway and as curiously evident a sense of time as old coats hung in a closet. All the echoic layering is, one would think, a good deal more than simple memories. If “a place for everything and everything in its place” were ever to have a chance in this world, this painting would still come to haunt it. The act of hanging things up, putting things back, respecting things the way they were, is all wound in here in a way neither ironic nor pragmatic. Even who hung them up is very much a question.

Still the presence of tools is remarkably particular and common, even when they are in situations of transformation (“The Hammer Doorway”) or, in some sense, visually incomplete (“Untitled (Pliers)”). They also take place in the painting, drawing, assemblage, etc., in a very matter-of-fact way, upright, either sitting firmly on bottom margin or plane, or else hung in like manner. Clearly they are the things that do work and can, however various, echoing and unlocated one’s own relation to them may sometimes be.

Robert Creeley, “Jim Dine/Five Themes”, in The Collected Essays of Robert Creeley (University of California Press, 1989)

No me suelen gustar ciertos tipos de mitificación del 68. Sin embargo, en la presente situación, creo que podríamos aprender algo muy simple, y muy importante, de las imágenes que aparecen más abajo: la necesidad de la movilización. No esperar a que “nuestros” “representantes” digan lo que queremos: decirlo nosotros mismos, en las calles. Algo como lo que explicaba Josep María Antentas , hace unos días, en RNE. Algo como lo que están haciendo en otras partes.

Crystal Stilts, “Departure” (Vía La Escuela Moderna)

I discern a subtle stream
Converging in the quiet
Just behind the silence
My mind has slipped inside it
I can feel a past being fed me
A second hand future’s misled me
Second hand futures misled me
I feel a fate being fed me
To devour my memories
In a single sitting
Seems the only means
The only means befitting
A reunion with my beloved
A reunion with the sun
A reunion with the stars
A reunion with the sun
Though i know
Endless dawn awaits
Still I rotate at the gate
To watch my life escape
Never turning as it runs
My reunion with the sun
Never turning as it runs
I discern a subtle stream
Converging in the quiet
Just behind the silence
My mind has slipped inside it

Aunque no creo mucho en los premios, me alegré mucho el otro día al saber del fallo de éste. Por el apartado de poesía, se entiende: Francisco Ferrer Lerín ha recibido el premio de la Crítica por su último libro, Fámulo.

Como Einbahnstrasse anda un poco parado últimamente, he pensado en aprovechar la ocasión para rescatar algunas antiguas entradas relacionadas con Francisco Ferrer Lerín para celebrarlo. En concreto esta entrevista y una reseña que quien esto escribe hizo hace algunos años. Es nuestra forma de enviar nuestra felicitación al autor y, de paso, – por decirlo con una franqueza que estoy seguro de que Paco entenderá y agradecerá – aumentar a su costa el exiguo capital social (Bourdieu) de este blog. Enhorabuena Paco.

“New plebiscitary and authoritarian political forms, which Poulantzas calls “dominant mass parties,” subtly replace the classical parliamentary system and legal-formal bureaucracy. These organizations are characterized by their subservience to the executive, and within the state apparatus their major function is to “unify or homogenize the state administration; to control and propel (in the direction of general government policy) the cohesiveness of its various branches and sub-apparatuses” (Poulantzas 1978, 233). Simultaneously, new mechanisms, deployable by the executive alone (media manipulation and foreign policy adventures), displace the “interest-aggregatory” functions of older parliamentary parties. The dominant mass parties operate as transmission belts of the state ideology to the popular masses and as a means of manipulating consent from the electorate through plebiscitary tactics. The sum total of all these developments—state intervention in the economy, crisis of democracy, dominant mass parties—represents a shift, within the limits defining its relative autonomy, of the capitalist state from its democratic toward its authoritarian pole.”

Robert Paul Resch: Althusser and the Renewal of Marxist Social Theory, University of California Press, 1992.

(Para Megan y Manuel).

Materiales para un replanteamiento de las estrategias de la izquierda. En esta ocasión, Thomas Frank, autor del conocido What’s the Matter with Kansas?, entrevistado por Amador Fernández-Savater hace unas semanas para Público.

Lo copio y pego aquí, pero recomiendo visitar Fuera de lugar, el blog de Fernández-Savater en Público, donde suelen aparecer entrevistas muy interesantes.

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“Los políticos de izquierda ya no entienden la furia de la gente común”

Versión completa de la entrevista con Thomas Frank aparecida el sábado 20 de marzo en Público. No hubiera podido hacerla sin la ayuda de Tomás González (¡gracias, Tom!).

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Thomas Frank es periodista y escritor. Colabora regularmente en la revista Harpers y en The Wall Street Journal. Fundó en 1988 el periódico satírico-político The Baffler. Su único libro traducido al castellano es ¿Qué pasa con Kansas?, sobre cómo los ultraconservadores conquistaron el corazón de Estados Unidos. Justo después de las elecciones de 2008 y de la victoria de Obama, ya le entrevistamos para Público.

EEUU parece el mundo al revés: en la mayor crisis del capitalismo salvaje, la izquierda en el gobierno es incapaz de reformar nada y movimientos ultraconservadores de base toman la calle con mucha fuerza. Es la lucha de clases invertida. (Tomamos nota en España.)

¿Por qué han sido tan tímidas las reformas planteadas hasta ahora por Obama?

Lamento decir que la respuesta es muy sencilla: se debe al poder del dinero en la política estadounidense. El sistema está pervertido de tal manera que complica enormemente la posibilidad de cualquier reforma importante. Y no me refiero sólo al poder de los lobbies financieros, aseguradores o farmacéuticos en Washington (que obviamente es muy fuerte), sino también a que el proceso electoral cuesta mucho dinero en este país. Y ese dinero sólo puede venir de un sitio: la gente rica. Y a los ricos no les gustan los políticos que sueñan con grandes “soluciones” públicas a los problemas que ha causado el sector privado. Esta es la terrible fuerza que define el consenso político en EE.UU.

¿Y los demócratas se han plegado a ese consenso?

Sí, absolutamente. Se esfuerzan en convencer a Wall Street de que son de fiar. Y aceptan en su mayor parte el programa de desregulación de Reagan y de hecho, en algunos casos -la banca, las telecomunicaciones, el libre comercio- han ido más lejos de lo que se atrevió Reagan.

¿Cómo entender la fuerza actual de la línea dura ultraconservadora?

Es algo que no acabo de comprender. El sistema conservador (lo que los europeos llamarían “neoliberalismo”) de desregulación y Estado reducido a la mínima expresión ha fallado claramente. Es la conclusión obvia a la que han llegado montones de libros que se han publicado analizando la crisis financiera. Y sin embargo los ultraconservadores vuelven por todas partes con fuerzas renovadas. Realmente sus representantes han logrado apropiarse del descontento popular, para convertirse en las figuras icónicas de esta crisis financiera; y prometen que, una vez regresen al poder, ¡nos traerán más desregulación, recortes de impuestos y un Estado aún más reducido!

¿Cómo lo han logrado?

Por un lado, se sienten más cómodos interpelando públicamente a la furia popular que los políticos de izquierdas. Los políticos de izquierdas ya no parecen entender la furia de la gente común; es una emoción ajena a ellos. Por otra parte, la derecha está mejor organizada y financiada, hay infinidad de grupos en Washington que trabajan en la construcción de movimientos de base. Mientras tanto, los movimientos de base en la izquierda, es decir, los sindicatos y los movimientos de trabajadores, han continuado su decadencia bajo la presidencia de Obama. Los demócratas, al abrazar la globalización, han permitido la aniquilación de su movimiento social de base. ¿El resultado? En amplias regiones de Estados Unidos no hay ninguna presencia progresista, ninguna argumentación que oponer a la ideología ultraconservadora.

Hablando de movimientos de base, ¿qué es el Tea Party?

El Tea Party es un movimiento de base ultraconservador que utiliza como referencia el “motín del Té” contra los británicos del siglo XVIII. Es un fenómeno surgido en la recesión, que organiza concentraciones (tea parties) en diferentes ciudades para denunciar los rescates de grandes empresas, los impuestos y el tamaño del Gobierno. Su fuerza procede del hecho de que es prácticamente la única reacción de protesta contra el salvamento estatal de Wall Street. Ha conseguido amplificar el lenguaje de protesta de la derecha: la defensa del americano medio, el resentimiento contra las “élites” progresistas, las fantasías victimistas de persecución estatal a ritmo de country, etc. Acusa a Obama de ser una especie de agente socialista o comunista y repite a menudo que, de hecho, no es un estadounidense de pura cepa (en referencia a su nacimiento en Hawaii de padre keniata).

¿Y cuál es su relación con el Partido Republicano?

Los participantes en las tea parties suelen insistir en que no apoyan a ningún partido, que están en contra del sistema bipartidista y que rechazan tanto a George W. Bush como a Obama. Hablan de sí mismos como de un levantamiento popular contra “los políticos y los partidos” que se han vuelto “corruptos, sobornables y elitistas”. Pero es evidente que no existían cuando Bush era presidente y entre sus líderes encontramos el típico reparto de conservadores de Washington: Grover Norquist, Dick Armey y otros importantes representantes republicanos. El comodín de esta baraja es el popular presentador televisivo Glenn Beck, un hombre de la derecha más extremista que utiliza su programa diario para ilustrar sus variadas y asombrosas teorías conspiratorias. Los miembros de las tea parties suelen ser devotos seguidores del programa de Beck y reproducen sus peculiares explicaciones sobre el funcionamiento del mundo. Es un movimiento contra el poder moldeado y pulido por un grupo de personajes conocidos sobre todo por su habilidad para hacer uso del poder.

Hablas de “lucha de clases invertida”.

Independientemente de otras consideraciones sobre Obama, salta a la vista que procede de los círculos de profesionales liberales, mientras que los participantes en las tea parties son claramente miembros de la clase obrera. Según un perfil que publicó el New York Times, muchos de ellos (como también los votantes de Massachusetts que arruinaron la mayoría de los demócratas en el Senado) han sufrido en sus carnes la recesión: “Las familias destrozadas por el paro, las viviendas embargadas y los fondos de pensiones mermados quieren saber ahora por qué les ha ocurrido esto y buscar a algún culpable”. Todo es cuestión de clases, de lucha de clases. Este es el tema eternamente olvidado en la política estadounidense, la verdad que los conservadores asumen (dándole un sentido muy particular) y que los demócratas no pueden reconocer (para no asustar a los mercados). Así que la historia se repite: la economía de libre mercado se hunde en la recesión y sus víctimas se arrodillan a los pies de la bandera del libre mercado.

Es la misma historia que usted cuenta a propósito de Kansas en su libro.

Como dije en aquel libro, ahora la balanza del descontento se inclina en una única dirección: hacia la derecha más extrema. Si despojan a los habitantes de Kansas de su estabilidad laboral se afilian al Partido Republicano. Si los expulsan de su tierra, lo próximo que sabremos es que se manifiestan frente a clínicas abortivas. Si los ahorros de toda la vida de la gente de Kansas sirven para hacerle la manicura al consejero delegado de una gran multinacional, seguramente la gente acabe uniéndose a la John Birch Society [organización fanática anticomunista de los sesenta] Pero si les preguntas sobre los remedios que proponían sus ancestros (sindicatos, medidas antimonopolio, propiedad pública), es como si les hablaras de la Edad Media.

¿Te refieres a la historia del movimiento populista que también aparece en el libro, verdad?

Sí, el movimiento populista duró un tiempo a lo largo del siglo XIX. Aquellos populistas arremetieron contra el poder de los monopolios y las altas finanzas, y fueron descalificados por los guardianes de la ortodoxia del mercado tal como hoy: anarquistas y comunistas con mono de obrero, profetas del fin de la civilización. Generaciones de historiadores han echado por tierra los estereotipos sobre el movimiento populista original. Ahora sabemos que el programa político de los populistas no era el apocalipsis, sino una serie de medidas sensatas, que luego se impondrían, como el impuesto sobre la renta y las elecciones directas de los senadores. En realidad, el populismo fue el nombre de la democracia en funcionamiento. Pero los ultraconservadores se han apoderado de su lenguaje. Este tipo de populismo derechista ya no asusta a los mercados, porque contribuye a extender su credo. Es la ortodoxia de los mercados con acento de granjero.