Canción del lunes: Lambchop (y una nota sobre Frost/Nixon).

Up with the people

Yes there comes a booming sound
It used to come from underground
Now it emenates
From a kind of welfare state
Of the soul
Yeah baby of the soul

And of the sweet sweet soul
Let’s be certain
Of the deliberate monologue
As sure as if it will fall
Across you
Unto you
Will most certainly leave the doing undone

Come on undone

And we are doing
And we are screwing
Up our lives today
What’s that we chanted
It’s this we planted
C’mon progeny

El “monólogo deliberado” – cuya representación habitual es, cómo no, las ruedas de prensa, con la pesada, ritual e inútil alternancia de entrevistado y periodistas – es transformado en un diálogo entre un cantante y el público levantándose. La propia canción, por otra parte, ya contiene una estructura dialógica: la voz del cantante y los coros.

La canción apareció en el album Nixon (2000). Parece ser que es una suerte de álbum conceptual, muy sui géneris, sobre la infancia de Kurt Wagner, líder de Lambchop, transcurrida durante la presidencia de Nixon. El título de esta canción, por ejemplo, “Up with the People”, está tomado de una organización juvenil de aquellos años. Y decía que parece ser un álbum conceptual porque resulta difícil saber si existe efectivamente una línea de continuidad entre las canciones del álbum: éstas parecen sobre todo una colección de recuerdos e impresiones deslavazados. Algo , por otra parte, característico de las letras de Wagner. El título serviría así para nombrar un determinado periodo histórico, si bien después las canciones se concentran en el nivel microhistórico, individual. No sé. Pero ahí queda la idea para algún grupo español: ¿Qué tal estaría hacer un disco titulado Felipe? O mejor todavía: Aznar.

Y aprovechando el vídeo de la canción, y el título del disco, y que el Pisuerga pasa por Valladolid, un breve comentario sobre Frost/Nixon.

Zizek, en su último libro, First as Tragedy, Then as Farce, al hilo de una de sus habituales digresiones, menciona la película. Hablando de la actual degradación de la política (ejemplificada en Berlusconi), se detiene un momento en la figura de Nixon. Para Zizek, el trigésimo séptimo presidente de los EEUU fue quizás el último político trágico, atrapado por sus propias convicciones, y consecuente con ellas hasta verse arrastrado al deshonor de la dimisión (es el único presidente estadounidense que ha dimitido). Poco después de él vino Reagan, que inauguraba un nuevo tipo de figura, un político mediático y cínico, capaz de cambiar de posición al menor golpe de viento.

Lo que Frost/Nixon captura, desde la aparente anécdota (las entrevistas que el periodista británico David Frost realizó a Nixon en 1977, y que el autor Peter Morgan convirtió en obra teatral) es un instante significativo de esa transición: aquella figura trágica se encuentra frente a frente con Frost, un presentador de talk-shows sensacionalistas, un tipo “aparentemente carente de toda cualidad” y que, por ello mismo, es considerado “uno de los hombres que definen nuestra época”, como le espeta Caroline, la amante de Frost, a éste cuando se conocen. Pero Frost tenía un talento, según se nos dice en la película: “entendía la televisión”. Y es precisamente esa comprensión del medio televisivo el que le llevará a intentar entrevistar a Nixon, tras verlo, en un momento de revelación, en una pantalla, subiendo al helicoptero presidencial que le llevará lejos de la Casa Blanca.

Así, como en una especie de Marat/Sade posmoderno, Frost/Nixon entrecruza dos trayectorias opuestas para reflexionar sobre la insustancialidad contemporánea, la imposibilidad de una figura trágica hoy en día. Nixon – interpretado por Frank Langella – dice en un momento de la película: “la televisión, con sus ‘zooms’, crea significados nuevos”. Unos significados nuevos que el ex-presidente ya no sabe como manipular, atado a una ética que está dejando de ser la de su tiempo. Tampoco sus colaboradores saben cómo hacerlo. El breve pero memorable papel de Kevin Bacon, por ejemplo: su inicial rechazo de la entrevista, y su posterior ilusión, “si la gente lo viera, cambiaría de opinión”. O la candidez con que Nixon se enfrenta a la entrevista, que concibe como un duelo de honor, la última oportunidad de redimirse ante el pueblo americano.

En fin, una película muy recomendable. Y que – ahora me doy cuenta – tras haber hablado de ella, y del poder de la televisión, confiere al vídeo de Lambchop una ironía bastante cruel. Sobre esas paradojas caminamos. Y si alguien se anima, que me ayude a pensar sobre ellas.

Terminamos con otro temazo, soulero y tranquilo, del Nixon de Lambchop, “Nashville Parent”:

Y me pregunto – otra paradoja, ahora en sentido contrario – si la nostalgia que todo el disco de Lambchop desprende no será de algo que se perdió entonces. Y no me refiero a Richard Nixon, obviamente.

6 comentarios
  1. Pirolo dijo:

    Hola Páter:
    Excelente entrada la de este lunes. Excelentes las letras, la música y vídeo de Lambchop (de lo mejorcito que he escuchado últimamente a todos los niveles). Excelentes también tus comentarios al respecto; creo que muy bien traídos a colación del asunto. Sin embargo, me cuesta leerte, Páter, y creo que es porque lo que dices tiene nivel, y cuesta desgranarlo (y no es que quiera hacerte la pelota, ¡eh!, que hay cosas que cuesta desgranar y no tienen ningún nivel). Por ello siento no poder contribuir con nada sustancial a tu investigación sobre este tema. Tampoco he visto la peli de Nixon, y quizá por ello no entiendo lo que comentas de las paradojas “sobre las que caminamos” y mucho menos la segunda vez que aludes a “paradoja”: “ahora en sentido contrario – si la nostalgia que el disco de Lambchop no será de algo que se perdió entonces.” En fin, no hace falta que respondas, pero me queda esa duda de cuál es esa paradoja “en sentido contrario”, pero quizá sea una pregunta sin respuesta, de esas que les gustan tanto a los filósofos. Un abrazo y, otra vez, estupenda la entrada de esta semana.

  2. Pirolo dijo:

    Aunque Suárez me caía mal en mis tiempos mozos, he de reconocer que fue todo un presidente, y creo que bastante honesto y consecuente, y le tocó un momento difícil e hizo lo que pudo o supo, creo que siempre con la mejor intención.

  3. Pirolo: gracias por los comentarios. Creo que si cuesta desgranarlo no es, ni mucho menos, por el nivel de lo escrito, sino porque el que escribe se explica mal. Y eso es lo que me ocurrió anoche. Estaba cansado y se me ocurrió algo para cerrar, pero no lo desarrollé. Por eso quedó algo hermético. Me explico ahora:
    Esas paradojas – que quizá debería haber llamado contradicciones, más bien – consisten en el hecho de que el post hablaba del poder de la televisión. Sin embargo, al mismo tiempo, colocaba el video de Lambchop que, por sí mismo, es un ejemplo del tipo de poder que la televisión tiene. Si por un lado recogía la reflexión que la película hacía sobre la imposibilidad, establecida por la televisión, de figuras serias, trágicas, ‘de una pieza’, al mismo tiempo ponía una muestra del debilitamiento de esa figura, gracias a las posibilidades de tratamiento de la imagen. No sé, quizás no daba mucho de sí esa contradicción, la verdad. Pero me dí cuenta cuando estaba terminando, y quise al menos mencionarla.
    La otra ‘paradoja’, “en sentido contrario” se refiere al tono de todo el disco de Nixon. Échale un vistazo al disco completo, ya verás. Tiene un tono nostálgico. No he estudiado las letras en profundidad, pero me preguntaba de dónde provendría esa nostalgia.
    Por lo demás, ya sabes, comenta cuando quieras. Escucho lo que pones. Y a veces tampoco sé con qué corresponder.
    Me alegra que Lambchop te hayan gustado.

    Ana Fdez: pues suerte con la peli, a ver si la consigues. Es cierto, Suarez es quizá el único que, después de todo, merecería un tratamiento así. Aun desde la distancia política e ideológica, su figura puede verse como la de un juguete roto – uno de tantos – de la transición. No sé, da la sensación de que él se creyó de veras aquello. Vamos, digo yo.

  4. Pirolo dijo:

    Gracias, Páter, ahora lo capto. Pensaba que no se trataba de una “paradoja” o “contradicción”, sino más bien de una “parodia”, pero ahora veo que el tono nostálgico que comentas es un tono serio, no paródico, y por ello es más bien “paradoja”. Ahora lo entiendo mejor (o a lo mejor me voy por los Cerros de Ubeda, oigo campanas y no sé dónde). En cualquier caso, gracias por la aclaración.

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