Marxism 2009: Callinicos, Zizek, Harvey.

El pasado mes de julio se celebró en Londres la conferencia internacional Marxism 2009. En un excelente cartel de ponentes (David Harvey, Terry Eagleton, Tariq Ali, John Bellamy Foster, István Mészáros, entre otros), destacaba sobre todo el debate titulado “What does it mean to be a revolutionary today?”, sostenido entre Alex Callinicos y Slavoj Zizek.

Se trataba de un debate muy esperado. En marzo de este año, el Birkbeck College of Humanities de Londres, del que Zizek es director, organizó el encuentro The Idea of Communism. Con ponentes como Alain Badiou, Giorgio Agamben, Terry Eagleton, Jacques Ranciere, Toni Negri, Gianni Vattimo y otros muchos, la conferencia resultó un verdadero éxito de taquilla (algo meritorio si se tiene en cuenta que los asistentes debían pagar unas 100 libras (de las antiguas libras) para asistir a un simposio sobre una “idea” que, para muchos, lleva unos veinte años muerta y enterrada).

Aquella conferencia trajo también su dosis de polémica. Unos dias antes de su celebración, Callinicos escribía un duro artículo reclamando a Zizek un posicionamiento político más claro. Por supuesto, habrá quien piense que se trataba de una rabieta personal de Callinicos por no haber sido invitado al evento. Esa sería, supongo, la reducción ideológica habitual que todo lo explica y que, como de costumbre, nos evita tener que pensar más allá de ella. Lo cierto es que no era, desde luego, la primera vez, ni la más importante, en que Callinicos criticaba a Zizek. Lo hizo ya en The Resources of Critique (2006), donde también revisa la obra de Badiou y Negri.

Callinicos y Zizek son dos figuras insustituibles de la izquierda ahora mismo. Y representan, al mismo tiempo, dos líneas presentes en el marxismo académico. Sobre este asunto me gustaría escribir más en extenso en otra ocasión, pero presento ahora esas dos lineas esquemáticamente, para introducir el debate. La línea representada por Callinicos sería más “clásica”, “ortodoxa” si se quiere, en su concepción de la relación entre labor intelectual y organización política. El mismo Callinicos la personifica: es a un tiempo profesor en el King’s College y dirigente del Socialist Workers Party, y un militante activo en luchas a pie de calle, como las protestas contra la cumbre del G20 en Londres el pasado mes de abril.

Zizek representa, por su parte el éxito de otra línea cuyos anclajes políticos concretos son distintos. Badiou, Ranciére, y otros quizás sean muestras de esa línea. Su ligazón política se establece con organizaciones de nuevo cuño,  o movimientos sociales muy específicos. O, a veces, como el propio Zizek, con ningún tipo de organización (que yo sepa). Al mismo tiempo, parece ser esa línea la que está conociendo un mayor éxito en ámbitos académicos (en EEUU sobre todo). El mundo académico estadounidense suele acoger de buen grado discursos de tipo “radical”. El problema es que, dada su desconexión con la compleja realidad social del país, esos discursos terminan derivando, la mayoría de las veces, en un radicalismo chic (que el mismo Zizek ha denunciado en numerosas ocasiones).

Por falta de tiempo y capacidades, no puedo ponerme ahora a juzgar los logros de ambas líneas (que deberían ser matizadas, por otra parte). Lo que sí quiero señalar, en el presente contexto, en el que se llega a hablar de un cierto “retorno de Marx”, es el interés y la necesidad de un debate entre ambas. Porque si bien hay muchos síntomas que hablan de aquel retorno, todavía nos queda por saber en qué vaya a consistir exactamente  éste. Ambas posiciones representan algo más que opciones personales a la hora de concebir la tarea académica en términos políticos, y van más allá incluso de la más extensa cuestión de la relación entre teoría y práctica.

Volvamos al título de la conferencia de marzo: The Idea of Communism. Zizek y Badiou parecen apostar por un cierto “idealismo”. Lo sugerente de sus posiciones tiende, muchas veces, a desdibujar las propuestas políticas concretas. El comunismo, según Badiou, es una idea eterna, encarnada en diversos eventos (1917, por ejemplo) a los que el revolucionario debe mantenerse fiel. Es precisamente esa inconcreción política lo que Callinicos critica.

Al mismo tiempo, la presente situación política no parece invitar a una continuidad de las organizaciones políticas tal y como las hemos conocido hasta ahora. Del análisis de esa situación parten iniciativas como la del NPA francés, o la de Izquierda Anticapitalista en España. Con todas sus limitaciones, creo que son organizaciones que están intentando abrir un nuevo espacio, una nueva relación entre partido y movimientos sociales.

Os dejo con las intervenciones. Las acompaño con apenas unas notas que mencionan algunos contenidos de las mismas.

Alex Callinicos:

Callinicos comienza recordando a Gramsci, y concluye volviendo a Luckács. Su posición resulta, efectivamente, “ortodoxa”. Sin embargo, creo que es saludable, en el sentido de señalar hacia preocupaciones políticas concretas. Un discurso quizás menos brillante, novedoso o seductor que el de Zizek, pero muy necesario. La principal preocupación de Callinicos es la construcción de nuevas formas de organización política, y la superación de la desconfianza de la izquierda intelectual hacia la forma Partido.

Slavoj Zizek:

Zizek considera preciso llevar a cabo una “crítica de la nostalgia” en la izquierda. Ésta abarca tanto la experiencia soviética como la tradición socialdemócrata, así como la tendencia – tan extendida en el intelectual occidental – a buscar un refugio ideal en otros lugares (Cuba, Venezuela) sin ejercer la crítica hacia los mismos. La mejor manera que tenemos, dice Zizek, de apoyar esos procesos, es precisamente criticándolos honestamente.

Uno de los mejores puntos de Zizek es la necesidad de destacar que son precisamente los liberales quienes van a necesitar la ayuda de la izquierda radical para salvar su democracia. Callinicos, en Resources precisamente, apuntaba también en esa dirección en un capítulo dedicado a reflexionar en torno a las posibles aportaciones de un diálogo entre el liberalismo igualitarista de Rawls y el marxismo.

David Harvey, un día después, se unió al debate en su intervención en un panel sobre la crisis:

Harvey describe la teoría del cambio social presente en El Capital. Ésta se compone de una serie “momentos”, o factores, que Marx establece para el análisis de una situación histórica concreta: la relación con la naturaleza, la teconología, las relaciones sociales, la organización de la producción, y la ideología. A esos momentos, Harvey añade otros dos: la vida diaria y las instituciones.

Esos siete momentos coevolucionan, en diverso grado y medida, produciendo los desequilibrios y contradicciones que constituyen el desarrollo de la historia. Los diferentes movimientos sociales y políticos tienden a concentrarse en uno o varios de estos factores. Lo que Harvey considera imprescindible es comenzar a conectar esas diferentes perspectivas en una “visión” más amplia, de la que la izquierda ha carecido hasta ahora. Para ello es necesario liberar los recursos científicos, teóricos e intelectuales que ahora se encuentran encerrados en campos institucionales como el sistema universitario, entre otros.

Tres magníficas intervenciones que apuntan hacia una serie de cuestiones cruciales: ¿Cual es la función política del intelectual? ¿Cómo puede construirse una nueva articulación entre intelectuales y organización política? ¿Qué papel político juega el conocimiento? Esa nueva articulación deberá construirse a partir de un fuerte proceso de crítica (y autocrítica) de ambas entidades: ¿qué intelectuales? ¿qué organización política?

3 comentarios
  1. Alberto dijo:

    Gracias Vicen, no sabes las ganas que tenia de hablar de todo esto.

    Yo veo las tres ponencias que pones aqui intentando buscar una respuesta a la misma pregunta, que seria, mas o menos, esta: que tiene que cambiar en la izquierda para que no sea nuevamente derrotada, en la lucha ideologica que se ha abierto con la nueva crisis economica, donde tiene, por primera vez desde la caida del muro, una oportunidad perfecta para resurgir, pero, la verdad, no sabe ni para donde carajo tirar…

    Para Callinicos, el problema parece ser sobre todo politico: hay que refundar un partido, hay que aspirar a tomar el poder del estado. Me molesta que parece hablar desde una posicion de “autenticidad”. Creo que esto es una coartada para no pensar los verdaderos problemas del marxismo, que son muchos: la politica economica es decisiva, pero no es lo unico que tendria que cambiar. Harvey explica esto de cine en su intervencion.

    Para Zizek, el problema es que la nocion de proletariado tiene que ser amplificada a otras zonas de la existencia (Zizek, antes que marxista, es un hegeliano, eso esta clarisimo) y tambien a tipos de trabajo diferentes al obrero de la fabrica; hay que describir (y teorizar) la explotacion intelectual, la explotacion medioambiental, la explotacion genetica, etc… Para Zizek, lo dice al final, hay que ganar una batalla que es “ideologica”, y yo creo que el quiere decir que es “teorica” por no decir que es “academica”. Callinicos aqui hace algo inteligente, y es recordarle a Zizek que el obrero se puede asociar, que gana fuerza en virtud de su explotacion, porque la explotacion laboral es una relacion, mientras que el hecho de que el capitalismo se aduenie de nuestro genoma, de nuestro medio ambiente, de nuestras ideas, es mas bien una exclusion. El caso mas claro es el de los “slungs”. No son explotados por el estado, sino grandes masas de excluidos. Y aqui hay un problema teorico gigantesco. Porque el problema de fondo es como “politizar” estas nociones, como convertirlas en “relaciones” que puedan dar lugar a asociaciones, capaces de presionar politicamente a los estados, hasta tomar el poder, incluso democraticamente.

    Para Harvey, el problema es que el capitalismo no es solo un sistema de produccion, no puede ser “derrotado” solo desde la politica. Hay un momento de su intervencion en el que dice: cambiar del capitalismo al socialismo llevara tanto tiempo como costo cambiar el feudalismo por el capitalismo (siete siglos? cinco?). Ademas, puede que cueste mas, por la plasticidad del capitalismo, que esta perpetuamente realterando sus estructuras basicas (sin tocar las economicas)… En el fondo, el problema para el es la falta de recursos: dinero, medios Y TIEMPO… Como Zizek, acaba poniendo enfasis en lo academico: hay que “liberar a las universidades” (evidentemente, no es lo unico que hay que liberar), reeducar. El lo ve como un problema “educativo” en el fondo; cuando dice “la gente que pierde sus casas se culpa por ello, la gente no entiende lo que esta pasando”.

  2. Cantidad de cuestiones, es cierto. Para mí, lo que los tres afrontan en sus respectivas intervenciones es EL DEBATE ahora mismo, se tocan unas cuantas cuestiones cruciales.

    Comparto con Zizek la visión más ideologica. Es la derrota ideológica profunda de la izquierda la que bloquea las alternativas políticas y las proposiciones económicas. Resulta desolador pensar que con la que está cayendo la izquierda continúe siendo incapaz de mejorar resultados electorales, por ejemplo, o que los análisis de economistas marxistas (Brenner, por ejemplo) tengan tan poco eco en los medios masivos.

    Y eso se debe a la cuestión ideológica. Y reclama, supongo, un cambio profundo de discurso. No una adaptación superficial, pero sí una reorientación que permita hacer visibles las flagrantes contradicciones y las terribles consecuencias del sistema a un mayor número de gente.

    No deja de impresionarme que, por ejemplo, se hable de la desaparición de la clase trabajadora mientras a nivel global puede decirse que el proletariado nunca ha sido tan numeroso. Y hablo del proletariado en sentido clásico, casi etimológico, sin necesidad de modificar demasiado la definición. Porque efectivamente, si nos ponemos a redefinirlo, se amplía todavía más.

    Esta perspectiva ideológica tiene además otra ventaja. He podido comprobar que en ciertos ambientes y sectores, es posible entenderse con gente que aunque económica y políticamente se encuentra muy lejos de posiciones de izquierda, sí admiten y comparten el diagnóstico ideológico de la sociedad contemporánea que el marxismo realiza: críticas del individualismo, del posmodernismo, etc. Puede ser un buen camino para encontrar alianzas.

    El nivel político (Callinicos): tienes razón en que juega un poco el papel del “auténtico”. Su discurso, por otro lado, es más el de un político que el de un teórico. Y es cierto que finalmente no propone demasiado, aunque sí actúa como contrapeso necesario del vuelo teórico de Zizek.
    ¿Cual es la organización política necesaria? Pues – todo esto es muy general – quizás una que fuese político-ideológica, por así decir: que junto a las campañas políticas, las acciones, movilizaciones, etc. se dedicase sobre todo a la formación, no sólo hacia dentro sino hacia afuera de la propia organización.

    Creo que soy un poco más escéptico respecto a la lucha teórica dentro de las instituciones, aunque desde luego es un frente que existe, y en el que hay que hacer muchas cosas, o al menos intentarlo. De hecho, creo que es un espacio determinante ahora más que nunca. El problema es que no sé hasta qué punto es posible lograr algo ahí. A veces pienso que más que dentro de las instituciones – que también – habría que tratar de crear instituciones alternativas (tipo centros culturales, etc. ). Este tipo de centros ya existe, aunque en muchos casos – hablo desde lo que yo conozco, no sé- han perdido un perfil de formación, dedicándose a actividades “culturales”. Menos recitales de poesía y más doctrina, sería mi posición. En la línea “staliniana” de Zizek: hay que recuperar para la izquierda los valores del estudio, del sacrificio, del esfuerzo.

    Pero por supuesto, a ver quién tiene el tiempo, la energía y sobre todo el dinero para montar algo así.

    Lo que sí que es cierto es que vivimos un momento que, por su misma complejidad, parece reclamar un “retorno de la teoría”, algo que sería realmente saludable. Y con “teoría” quiero decir algo muy concreto: la adquisición de modelos que nos ayuden, a todos, a explicarnos mejor todo lo que está pasando, y a transformar un poco los lugares habituales del discurso público.

    Una tarea inmensa y que, como dice Harvey, va para muy largo. Pero hay que ponerse a ella.
    Un abrazo.

  3. Martín dijo:

    Muy buena la distinción de alberto entre relación y exclusión. De todas maneras sigo viéndolo a la manera de zizek. Las diferencias entre excluidos y explotados no son estables. No veo ningún hecho objetivo que separe a los trabajadores de los desempleados, por ejemplo, como sujeto político.

    Y muy bueno el blog. Saludos desde Argentina.

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