Artistas y amigos.

Menos mal que tenemos los periódicos, y esos suplementos culturales que, además de proporcionarnos alimento espiritual, nos dan la oportunidad de acercarnos un poco al lado más humano de “las gentes de la cultura”.

Algún día me gustaría hacer un estudio sobre las implicaciones ideológicas del compadreo entre artistas y demás gente sensible en la prensa. Hasta entonces, y como forma de mera compensación psicológica (ya que soy un envidioso, ya se sabe, todo crítico con algo lo hace por puritita envidia) me limitaré a pequeños ejercicios de gamberrismo desenmascarador. Como el que sigue. Queridos lectores amigos, queda inaugurada la serie “Ideología de garrafón” (término que debe su existencia a mi amigo y compañero Víctor Pueyo).

La serie  estará compuesta principalmente por ejercicios como éste que os presento. Me explico. El sábado, como todas las semanas, fiel al atavismo que me persigue desde mi adolescencia de cultureta, le eché un vistazo al Babelia. Y me encontré con el “artículo” (pffff…ejem. Perdón. Venga, seamos buenos) de Isabel Coixet que reproduzco más abajo. El ejercicio fue sencillo: consistía simplemente en intervenir en el texto, [entre corchetes y en negrita], para así dejar aflorar los  contenidos subyacentes del mismo. No puedo olvidarme de agradecer a Jarsey y a Dr. Felaspas su participación en un proceso de cachondeo previo a la versión definitiva del artículo que os presento aquí.

Ah, y un aviso para posibles fans airados: el primer disco de Antony me parece extraordinario. Y Mi vida sin mí, de Coixet, una película notable. Resuelta esa posible duda, pasemos a lo importante:

Antony, un abrazo

ISABEL COIXET 31/01/2009

La última vez que vi a Antony, nos hicieron una foto juntos. [Que quede claro desde la primera línea: conozco a Antony] Cuando el fotógrafo nos enseñó la Polaroid, él dijo que parecíamos hermanas. Yo le dije que creía que su hermana era Boy George. Uno puede tener más de una hermana, ¿no? [No sólo conozco a Antony: somos muy amigos. Mira que coñitas nos llevamos] Más tarde, en el concierto, me dedicó You are my sister [me la dedicó, ¿eh? A MÍ] con una sonrisa algo malévola, porque Antony puede ser divertido, y malévolo como cualquier artista o como cualquier empleado de correos, [es que los artistas somos “presonas humanas” también. Qué modesta que soy, que demuestro que puedo rebajarme al nivel de un empleado de correos] no es sólo esa especie de tipo raro perennemente melancólico como siempre le retratan en las entrevistas. [Porque la culpa es de los periodistas, claro. La voz quejumbrosa y las canciones deprimentes no tienen nada que ver. Ah, qué dificil es la vida del famoso, nadie te comprende]

Aunque es cierto que es diferente. Tan jodidamente [¡jo-di-da-men-te! ¡En El País!¡Tíiiiia!] diferente que las personas que le tienen manía [le tienen manía: si lo critican es sólo porque le tienen manía, claro] le acusan de que toda esa melancolía es pura pose, como su peluca, su estatura y la manera en que sale al escenario agarrado a su bolso. [Lo privado y lo público, los dilemas del famoso again] Les bastarían unos segundos ante él para darse cuenta de que Antony es auténtico. [Qué pena que no todo el mundo, sino sólo unos pocos elegidos, pueda conocer al Antony “auténtico”. Que es, cómo no, Isabel, la palabra que estábamos esperando] Es quizá la persona con menos pose que conozco.[Sólo 3’5 coixets sobre 10 en la escala de pose Coixet] Es alto, desgarbado, armonioso, bello. Es lento. Y él a menudo se flagela con su lentitud.[Ah, bueno. Si se flagela con su lentitud, entonces sí. Qué auténtico]

En realidad es que tiene otro ritmo. Abre los sobres de azúcar a otra velocidad que el resto de los humanos. [Atención: imagen de la poesía cotidiana: los sobres de azúcar. ¿Qué es eso que oigo a lo lejos? ¿Yann Tiersen? La imagen es perfecta para deslumbrar a modernos sensibles. Más de uno/a, la noche del sábado, después de leer esto, se fijó en a qué velocidad abrían los sobres de azúcar sus amigos. Acto seguido lloró de emoción, claro]. Siempre que le veo caminar, me recuerda a una monja de ésas que se deslizan sin apenas tocar el suelo en los desfiles de moda eclesiástica de las películas de Fellini. [Y ahora una imagen del cine: el arte y la vida, unidos, ¿no es precioso?]

Cuando entra en el escenario, agarrado a su bolso y apenas mira al público, es tan elocuente como esos artistas que se ponen a gritar [¿”se ponen a gritar”? Vulgares ¿En un concierto?¿a quién se le ocurre?] el nombre de la ciudad que les acoge nada más salir al escenario (y a menudo se equivocan de ciudad).[Claro: ¡porque no son auténticos!]

Él es el primer sorprendido de su éxito. Y es realmente sorprendente que en apenas unos años, haciendo lo que le da la gana, llevando peluca, [“Nadie va a querer escuchar a un cantante que lleva peluca. Lo digo desde mis 30 años de experiencia en discográficas: NADIE que llevase peluca ha triunfado nunca”] cantando como Nina Simone [“¿Cómo? ¿Que canta como Nina Simone? Asqueroso, no le contrateis”], haciendo canciones sobre niños muertos y amantes que van a morir, sobre niebla, polvo, purpurina, árboles, luz, tristeza y soledad, [pero es un tipo muy alegre, “jodidamente diferente”, no lo olvidéis] haya conseguido el éxito que ha conseguido. Nunca le ha temido a mostrarse como es, [esto es: auténtico] a dejar que veas su vulnerabilidad: por eso es tan fuerte en el escenario.

Acaba de llegarme su nuevo disco: The crying light. Debo confesar que lo empiezo a escuchar con miedo, el mismo miedo que tengo al abrir una nueva novela de Haruki Murakami (al que, por cierto, le hice descubrir a Antony y ahora es un convertido más) [Atención: ¡co-noz-co a Mu-ra-ka-mi también! Y lo mejor: me escucha. Y se compra los discos que le digo]. Miedo a que la gente que amo me decepcione. [Es difícil estar a tu altura, Isabel. Perdónalos.]

[Uy, que se me acaba el espacio, y no he hablado del disco, que para eso me han pagado este “artículo”] Pero el disco me deja clavada en el suelo. Antes de que me dé cuenta, me sume en un trance del que tardo en desprenderme. Y sí, me hace llorar tanto como la primera vez que escuché su voz en Hope there’s someone…

El nuevo disco es tan hermoso como I am a bird now. Aún más quizá.

Cada canción es una ventana al mundo de Antony, que es también el mío. [Los artistas somos así. Tenemos mundos propios con vistas y ventanas y todo. Y a veces esos mundos son el mismo mundo. Aunque no, no son exactamente el mismo mundo… no te vayas a pensar que por eso somos iguales, como los empleados de correos, ¿eh? Cada uno somos…ay, que lío, no sé, ¿cómo te lo explico? Somos diferentes, somos…eso, auténticos.] Por ahora mi favorita es One dove, que es la más hermosa declaración de amor después de Someone to watch over me que conozco: I’m the one you’ve been waiting for, for your skin I am born again and I wasn’t born yesterday, The crying light, Daylight in the sun, Dust and water…

[Y ahora, de propina, la autopublicidad] Mucha gente me pregunta si voy a poner una canción de él en [mira, casualmente ando preparando una peli] Map of the sounds of Tokyo, como ya hice en La vida secreta de las palabras [disponible en DVD]. No lo sé aún. [Pero eso que os lleváis] Sólo sé que cada mañana cuando escucho el disco entero (llevo ocho días escuchándolo) me dan ganas de abrazarle.
Y vuelvo a escucharlo y le abrazo.

Conclusiones extraídas del texto:

1. Antony e Isabel son amiguitos.

2. Antony (e Isabel) son artistas, y hacen cosas de artistas: hablar, tener mundos, tomar café, abrir sobres de azúcar. Pero de una forma, no sé, ¿cómo decirte?, diferente, especial. Tanto que además luego pueden contárnoslo – perdón, pueden “compartirlo con nosotros” – en el periódico nacional de mayor tirada.

3. Isabel y Haruki (Murakami) son amiguitos también.

4. Antony (e Isabel) son personas muy sensibles, pero al mismo tiempo…

5. Antony (e Isabel) son auténticos, como un empleado de correos. Porque se ríen también, y se hacen coñas entre ellos. Qué gente. Cómo son.

Y una última pregunta: ¿de verdad han pagado a Isabel Coixet para escribir esto? La respuesta es obvia: POR SUPUESTO QUE SÍ. Y lo mejor de todo es que lo han hecho PRECISAMENTE para esto. Porque esa, y no otra, es la verdadera razón de ser de un suplemento cultural español: no es ofrecer información, crítica, debate o comentario (esas palabras aburridas), sino precisamente ese sucedáneo de actividad intelectual denominado “Cultura”. Es decir, ideología de garrafón.

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8 comentarios
  1. Jorge S. dijo:

    Buen ejercicio, sí señor.

    ¿Viste que Rafael Reig hizo algo parecido con una entrevista a Paul Auster en El País?

    Pero lo que me parece más prometedor es abrir esa línea de investigación en sociología del arte: “Compadreo e ideología: hacia una economía política de la adulación”.

  2. ¡Jajaja! “hacia una economía política de la adulación”. Muy bueno.

    Reig es uno de mis modelos en este sentido. Sí, recuerdo lo de Auster. También tiene otros geniales con Pérez Reverte, Marías y Fernando Vallejo.

    Seguiremos investigando. Se aceptan sugerencias y colaboraciones. Hay mucho trabajo por hacer, y una persona sola no es suficiente.

  3. emilio dijo:

    has creado los “Coix Study”

  4. ¡Hostias! ¡Es verdad! Eso sí, yo lo cambiaría por “Coixet Studies”. El plural es así como más democrático: no hay una explicación unitaria del coixetismo, sino una miríada de aproximaciones, todas válidas por igual y complementarias entre sí. Ya se sabe, es el dogma posmoderno: no hay dogmas.

    Creo que hay un congreso ahí. Veré lo que se puede hacer.

  5. emilio dijo:

    tambien estan los Rocksymphonic Studies.
    creo que deberias dejar este link en algun foro de la coixet..para crear polemica.

  6. emilio dijo:

    Lo siento, ya he puesto este link en el foro oficial de la coixet….. ahora solo esperar whahahahaha

  7. tommy dijo:

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