Gründe (4)

Utilidad

De alguna manera, encuentro en el ensayo algo que no veo en las novelas: aunque se proyecten sobre el mundo, aunque traten de construir un sentido, dotar de éste a la realidad (las mejores); darle a ésta, confusa y caótica, una forma de razón (narrativa: un orden, una dirección y por ende una lección (moral, vital, histórica, política) me pone nervioso esa permanencia en la ficción, ese no querer actuar, finalmente, sobre el mundo (aunque esta actitud serviría, tal vez, como lección de humildad, después de todo). La poesía, por otra parte, me resulta muchas veces demasiado oscura. Lo que de ella extraigo, de tarde en tarde, es maravilloso, pero tal vez sea demasiado exigente para mí.

El ensayo, sin embargo, sí trata de actuar sobre el mundo, o mejor, en el mundo, aunque sea de una manera humilde, escéptico consigo mismo. Siempre referido a un aspecto del mundo, y siempre dirigido al lector: la argumentación, por libre que sea, trata siempre de encontrar a éste, de convencerle, de persuadirle, pero siempre desde un terreno de lenguaje común, compartido. Hay un diálogo sobreentendido, presupuesto, en él. Podría recortarse, en un buen ensayo, la presencia del lector, como una figura en negativo, complementaria a lo que se sostiene en la obra. Hay una voluntad de hacerse entender, de ser razonable, de no imponer, en la medida de lo posible, un lenguaje predeterminado.

Insomnio

Durante todos estos años he tenido problemas para dormir. O tal vez no problemas, sino más bien el hecho, convertido en costumbre, de que era por la noche cuando podía, cuando he podido, disponer de mi mismo, sin ninguna excusa. Evidentemente, se trata de un exceso o, más bien, de un excedente, un cierto volumen de energía no consumido en ninguna otra actividad, que me permitía (y me obligaba) a mantenerme despierto, leer algo más, pensar y repensar algunas tonterías, recordar obsesiva o juguetonamente momentos de mi vida, a veces tratando, en ello, de dotarles de un sentido, un orden o causalidad significativos.

Disponer de mi mismo. Es algo que siempre he necesitado, porque desde muy pronto se hizo costumbre, y fue posible que se hiciese costumbre. Desde niño, por las noches, me he sentido así, he sentido eso. O es ahora cuando creo que así ha sido siempre. El lujo del insomnio. Se ha dicho muchas veces eso de que la filosofía, el pensar, surge del aburrimiento. Es entonces, en el tiempo no llenado, incoloro, vacío, cuando aparece la angustia, el primer asombro. No lo se. Lo que sí se es que este insomnio tiene para mí algo de privilegio inmoral, y esa conciencia, algunas noches, no me deja dormir.

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2 comentarios
  1. Collins dijo:

    Esa certeza insomne, esa conciencia (o “consciencia”, como dice algún tonto que yo me sé y cuyo nombre no voy a deletrear) culpable que te amarra a la vigilia… No es una conciencia de clase – falsa conciencia, como advertía Marx en La ideología alemana – sino la conciencia arrebatada de algo que no has hecho, de algo que no has tolerado y que te apresuras a compensar cada noche, en ese necesario retorno de lo simbólico a lo real, con el trasvase. Que es, como nadie ignora, el título de tu blog.

  2. einbahnstrasse dijo:

    Hombre, otro insomne. Desde luego esa “consciencia” (por dios) mía no es de clase, está claro. Y tienes razón, esto puede que no sea más que pura compensación psicológica. Lo del “trasvase” es bueno, a lo mejor cambio el título del blog. Aunque perderé lectores en el Levante.

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