El poema de los domingos, 4

Sagredo

Ungidos de noche,
bebiendo su frío,
inconsolables.
Nos esparcimos
en la tierra para no
reunirnos nunca.

Damos nombre
a los árboles muertos:
álamo alado, frescor de fresno.
Jugamos en el aire
a ser opacos, a dibujar
surcos de sed.

Tu muerte,
extraña palabra
que habla de ti.
Mi muerte:
lo que es mío
dejará de poseerme.

No tengo hermanos,
hermano eres tú.

————————————————————————————-

Silvestre

Por encima
del bosque de espinos,
nuestras cabezas,
aureoladas de sombra.

Tu palabra y mi callar
unen sus labios.
Se reconcilian con el grito.

Tu cuerpo blanco
teme el espejo
de mi cuerpo blanco.

Ángel Gracia, Libro de los ibones, Ed. Aqua, Zaragoza, 2005.

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1 comentario
  1. reyego dijo:

    Pues no me va mucho, lo siento. Y lo de alamo alado, frescor de fresno, me suena a mi “mantra”, tu ya me entiendes.

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