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Entradas clasificadas como ‘Economía’

Noche triste de octubre, 2009.

Octubre 29, 2009 · Dejar un comentario

Leyendo este reportaje de El País, el otro día, recordé este poema de Jaime Gil de Biedma, escrito hace ahora exactamente 50 años. Creo que es, palabra por palabra, un inmejorable comentario de la actualidad: no hace falta añadir ni cambiar nada. O sólo una cosa: ¿hasta cuándo vamos a aguantar así?

NOCHE TRISTE DE OCTUBRE, 1959

A Juan Marsé

Definitivamente
parece confirmarse que este invierno
que viene, será duro.

Adelantaron
las lluvias, y el Gobierno,
reunido en consejo de ministros,
no se sabe si estudia a estas horas
el subsidio de paro
o el derecho al despido,
o si sencillamente, aislado en un océano,
se limita a esperar que la tormenta pase
y llegue el día, el día en que, por fin,
las cosas dejen de venir mal dadas.

En la noche de octubre,
mientras leo entre líneas el periódico,
me he parado a escuchar el latido
del silencio en mi cuarto, las conversaciones
de los vecinos acostándose,
todos esos rumores
que recobran de pronto una vida
y un significado propio, misterioso.

Y he pensado en los miles de seres humanos,
hombres y mujeres que en este mismo instante,
con el primer escalofrío,
han vuelto a preguntarse por sus preocupaciones,
por su fatiga anticipada,
por su ansiedad para este invierno,

mientras que afuera llueve.
Por todo el litoral de Cataluña llueve
con verdadera crueldad, con humo y nubes bajas,
ennegreciendo muros,
goteando fábricas, filtrándose
en los talleres mal iluminados.
Y el agua arrastra hacia la mar semillas
incipientes, mezcladas en el barro,
árboles, zapatos cojos, utensilios
abandonados y revuelto todo
con las primeras Letras protestadas.

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La crisis económica resucita la toma de fábricas en España.

Octubre 28, 2009 · 2 comentarios

Mientras gobierno, oposición, partidos, sindicatos, empresarios, banqueros, medios, opinadores y demás siguen mareando la perdiz, parece que hay quien, desde abajo, sí que se ha decidido a hacer cosas. Noticia de Público, el pasado domingo:

La crisis económica resucita la toma de fábricas en España

Al menos 40 empresas en declive han sido reconvertidas en cooperativas al asumir su gestión los trabajadores. En ocasiones, el antiguo dueño de la compañía se suma a la iniciativa

 

Trabajadores de la cooperativa Metalva, en Alcañiz (Teruel).

PERE RUSIÑOL – MADRID – 25/10/2009 08:00

A Daniel Martínez, de 33 años, le despidieron de la empresa en la que trabajaba, en Mazarrón (Murcia), machacada como tantas por la crisis. Medio año después, sigue en la nave y es el dueño.

La crisis económica ha llevado a decenas de trabajadores en España a tomar empresas en declive y gestionarlas directamente. En lugar de contentarse con el paro, han despedido al dueño y han tratado de mantenerlas a flote reconvertidas en cooperativas.

La posibilidad de capitalizar el paro aumenta el cooperativismo

Aquí no se escucha el ruido de Argentina, cuando con el crash de 2002 miles de obreros se quedaron con las fábricas ante la huida de sus jefes y su lucha fue captada por la cámara de Naomi Klein y Avis Lewis en La Toma. Pero el goteo es incesante: Daniel Martínez y seis compañeros crearon el pasado abril la cooperativa Akami Tuna y trabajan incluso en la misma nave y con la misma maquinaria de la empresa que les despidió; la metalúrgica Metalva unió en Alcañiz (Teruel) a obreros que un día fueron a trabajar y el dueño se había fugado; los cooperativistas de Zero-Pro en Porriño (Pontevedra) desarrollan por su cuenta los proyectos de robotización que antes elaboraban para su jefe.

La Confederación de Cooperativas de Trabajo (Coceta) estima que en dos años se han tomado unas 40 empresas en España cuando en dos décadas no tuvieron constancia de ninguna acción parecida.

En ocasiones aunque raras, incluso el dueño se suma a la toma. Es el caso, por ejemplo, de Francisco Javier Jiménez, de 40 años, que era propietario de Cuin Factory, una pequeña empresa de producción y comercialización de muebles de cocina de Vilanova i la Geltrú (Barcelona). A principios de año, echó cuentas, le salieron rojas y comunicó a sus empleados que cerraba. Tras el shock colectivo, alguien sugirió arrimar el hombro juntos y seguir como cooperativa. Desde junio, el dueño ha dejado de serlo y es un trabajador más, sometido a la asamblea. Pero la fábrica sigue.

Catalunya es la comunidad donde se dan más estas experiencias

“La persona que hoy firma mi nómina era antes mi secretaria. Parece el mundo al revés, pero estoy muy satisfecho del paso dado: antes todo recaía sobre mis espaldas, ahora tengo compañeros de fatigas”, explica Jiménez. Como la situación es de economía de guerra, los seis cooperativistas se han autoasignado un salario de apenas 900 euros al mes. “Todos somos jefes y todos ganamos lo mismo, que espero que aumente a medida que dejemos atrás la crisis”, añade Jiménez, quien ironiza que sus ex obreros “ahora se dan cuenta de lo duro que puede resultar ser empresario”.

Catalunya es probablemente la comunidad donde se dan más experiencias de este tipo, hasta el punto de que la Generalitat creó en junio una línea de ayudas específicas para transformar una empresa mercantil en cooperativa. Y existe una cooperativa, Ara_coop, especializada en ayudar en el proceso de transformación. En el último año, las peticiones de información a Aracoop han aumentado el 50%.

El fenómeno se ha extendido sigilosamente por toda España ante la posibilidad de capitalizar el paro y con la riquísima experiencia acumulada en la crisis de finales de la década de 1970, cuando muchos obreros tomaron sus fábricas y las reconvirtieron en cooperativas. Algunas de esas empresas, como la catalana Mol-Matric, siguen funcionando de forma asamblearia 30 años después y generando beneficios.

“El problema, a veces, es directamente el propietario”, apunta Enrique Emsoleaga, gerente de Metalva, metalúrgica creada por cinco obreros cansados de que el dueño no les pagara. “Antes teníamos trabajo, pero nunca dinero. Ahora hacemos lo mismo, pero con mucha más libertad y nos ganamos la vida”, añade.

¿Y no son un engorro las asambleas para tomar decisiones? “No, para nada”, responde Emsoleaga con un punto de ironía. “Los acuerdos son siempre unánimes: trabajar, trabajar y trabajar”, dice. Las asambleas las hacen los sábados, en la fábrica, mientras de-sayunan con toda la familia.

Las razones para la toma no suelen ser ideológicas, sino prácticas, aunque muchos interlocutores no lo crean: “El responsable de un banco al que pedimos dinero cerró el portafolio cuando escuchó la palabra cooperativa. ¡Debía de pensar que estaba ante el mismísimo Lenin!”, explica entre risas Marcos Jalda, de Zero-Pro.

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Perry Anderson: A New Germany?

Septiembre 20, 2009 · Dejar un comentario

Se acercan las elecciones alemanas. Para informarse bien, más allá de lo que la prensa diaria nos cuenta, bueno, para informarse bien, nada mejor que un excelente artículo de Perry Anderson. Un completísimo análisis de la Alemania de los últimos 40 años, en sus aspectos político, económico, social, y cultural, publicado en la New Left Review en abril de este año.

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Sobre la educación financiera.

Septiembre 17, 2009 · 1 comentario

Hace días que quería comentar algo de la asignatura de educación financiera de próxima implantación. Porque la verdad es que me parece bastante importante, y nadie parece estar hablando de ello. El problema es que ando un poco mal de tiempo estas semanas. Pero no pasa nada, Isaac Rosa ha dicho hoy en Público más o menos todo lo que había que decir.

Sólo una cosa: me encanta la frase de Francisco González, al principio, sobre los errores. ¿A qué errores se refiere? Y sobre todo, ¿quién los ha cometido? Seguro que sus hijos saben perfectamente “qué es el dinero y cómo funciona”.

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¿Habrá objetores a la educación financiera?

17 Sep 2009

“Es muy importante que los niños entiendan qué es el dinero y cómo funciona, para evitar los errores pasados” -Francisco González, presidente del BBVA-

Como el dinero es el gran Dios de nuestro tiempo, y el capitalismo su religión, nuestra relación con él es irracional. La mayoría somos analfabetos financieros, y nos suena a latín la prosa macroeconómica, así que confiamos en sus sacerdotes encorbatados para que nos administren los sacramentos. En tanto que asunto de fe, cada uno lo lleva como puede: desde los muy talibanes a los ateos y anticlericales, pasando por simples creyentes y agnósticos.

Así que, como con otras religiones, se agradece todo esfuerzo por someter el asunto a la luz de la razón. Por eso me parece bien la iniciativa que acaba de presentar el Ministerio de Educación, junto al Banco de España y la CNMV, para incluir contenidos económicos en la enseñanza Secundaria, la llamada “educación financiera”. En paralelo, el BBVA ha presentado su propio plan educativo, más precoz, dirigido a niños desde los seis años.

Insisto, me parece muy bien que enseñen a mis hijas qué es una hipoteca o cómo funciona la Bolsa. Lo que me preocupa es quién diseñará la asignatura, quién elaborará los materiales pedagógicos. Por lo que sabemos hasta ahora, serán el Banco de España y la CNMV en el primer caso, y el propio BBVA en el segundo.

No sé qué pensarán ustedes, pero yo preferiría que, puestos a educar a los niños en valores monetarios, la asignatura no estuviera en manos de sus sacerdotes. Es la diferencia, para entendernos, entre Educación para la Ciudadanía y Religión. Ambas dicen educar en valores, pero ya saben lo que pasa.

Que los bancos nos den educación financiera es como si las grandes empresas impartieran educación laboral a los hijos de los trabajadores. Aunque no sé, igual la CEOE ya anda en ello.

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Especial Labor Day: Workingman’s Death.

Septiembre 13, 2009 · Dejar un comentario

Terminamos esta semana con una recomendación cinematográfica: Workingman’s Death.

(Visto en “2008…”)

Workingman’s Death es un documental dirigido por Michael Glawogger, dedicado a presentar “Cinco retratos del trabajo en el siglo XXI”. Copio y pego un texto del propio Glawogger:

“Is heavy manual labor disappearing or is it just becoming invisible?
Where can we still find it in the 21st century?
Workingman’s Death follows the trail of the HEROES in the illegal mines of the Ukraine, sniffs out GHOST among the sulfur workers in Indonesia, finds itself face to face with LIONS at a slaughterhouse in Nigeria, mingles with BROTHERS as they cut a huge oil tanker into pieces in Pakistan, and joins Chinese steel workers in hoping for a glorious FUTURE.

Meanwhile, the future is now in Germany, where a major smelting plant
of bygone days has been converted into a bright and shiny leisure park.

Work can be many things. Often it is barely visible; sometimes,
difficult to explain;and in many cases, impossible to portray.
Hard manual labor is visible, explainable, portrayable.
This is why I often think of it as the only real work.”

Michael Glawogger

Trailer de la película:

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Especial Labor Day: Jacques Rancière. Revisiting “Nights of Labor”.

Septiembre 8, 2009 · 2 comentarios

Una conferencia de Jacques Rancière en Delhi el 6 de febrero de este año. El motivo de la charla era la presentación de la traducción al hindi de su obra Nights of Labor. Workers’ Dream in 19th Century France. Por el tema del libro de Rancière, y al tratarse de, como el título de la charla indica, una revisitación del mismo (y muchas otras cosas, como se verá), creo que es una conferencia más que adecuada para continuar con esta semana dedicada al trabajo.

La charla está dividida en seis partes. Os pongo la primera, podéis seguir desde ahí. El inglés de Rancière, por otro lado, es muy…francés, aviso.

He leido muy recientemente, y muy poco todavía, a Rancière. Sin embargo, ha sido lo suficiente como para admirar su capacidad explicativa. Y algo más. Más allá de su especialización filosófica, puede encontrarse en su discurso un sentido político directo. Me atrevería a decir que está pidiendo a gritos la puesta en práctica de algunas de sus ideas en el campo de la retórica política, de la lucha ideológica inmediata.

En Nights of Labor, Rancière, partiendo de la definición platónica de trabajador como aquel que no dispone de tiempo, que debe obedecer a una división de su propio tiempo ordenada por otro, reflexionaba sobre los movimientos obreros en la Francia del XIX, en cómo se habían constituido a partir del intento de otra división del tiempo: por la noche, después de la jornada, robando horas al descanso, los trabajadores se reunían para confeccionar sus periódicos, organizar debates, grupos de discusión, clases y actividades.

Esta noche me siento incapaz de emular a aquellos trabajadores. Quede de momento el video, para abrir la posibilidad de discutir.

Se pueden encontrar en la red algunos materiales en español que pueden servir como introducción breve a Rancière. Por ejemplo, este artículo de Luis Roca Jusmet, publicado originalmente en El Viejo Topo de este mes de septiembre. Y también este otro de Marina Garcés para Riff-Raff.

En Scribd y páginas similares pueden encontrarse bastantes textos suyos.

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André Gorz: La salida del capitalismo ya ha empezado.

Agosto 26, 2009 · 1 comentario

El último artículo de André Gorz, enviado a la Revue de Ecologie Politique poco antes de suicidarse con Dorina, su esposa, en septiembre de 2007. Lo leí hace unas semanas en El Viejo Topo, y lo he encontrado ahora en la red.

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La salida del capitalismo ya ha empezado


La cuestión de la salida del capitalismo nunca ha sido tan de actualidad : se plantea hoy de una manera novedosa y con la necesidad urgente de una radicalidad nueva. Debido a su propio desarrollo, el capitalismo ha alcanzado un límite interno y externo que es incapaz de superar y que le convierte en un sistema que sobrevive gracias a subterfugios a la crisis de sus categorías fundamentales : el trabajo, el valor, el capital.

La crisis del sistema se manifiesta tanto a nivel macro-económico como a nivel micro-económico. La principal causa es el cambio radical tecno-científico que introduce una ruptura en el desarrollo del capitalismo y arruina, con sus repercusiones, la base de su poder y su capacidad para reproducirse. Intentaré analizar esta crisis primero bajo la perspectiva macro-económica [1], y segundo a través de sus efectos en el funcionamiento y la gestión de las empresas [2].

[1] La informatización y la robotización han permitido producir cada vez más mercancías con cada vez menos trabajo. El coste del trabajo por unidad de producto no ha dejado de disminuir y el precio de los productos tiende a bajar. Sin embargo, cuanto más disminuye la cantidad de trabajo para una producción particular, más tiene que aumentar el valor producido por trabajador -su productividad- para que la masa de beneficio no disminuya. Obtenemos por tanto esta paradoja aparente : cuanto más aumenta la productividad, más tiene que aumentar ésta para evitar que el volumen de beneficio disminuya. La carrera hacia la productividad tiende a acelerarse, los recursos humanos a reducirse, la presión sobre el personal a endurecerse, el nivel y la masa salarial a disminuir. El sistema evoluciona hacia un límite interno donde la producción y la inversión en la producción dejan de ser lo suficiente rentables.

Las cifras prueban que se ha alcanzado este límite. La acumulación productiva de capital productivo no ha dejado de experimentar una regresión. En los Estados-Unidos, las 500 empresas del índice Standard & Poor’fs disponen de 631 millones de millones de reservas líquidas ; la mitad de los beneficios de las empresas americanas proviene de operaciones en los mercados financieros. En Francia, la inversión productiva de las empresas del CAC 40 ni siquiera aumenta cuando sus beneficios se multiplican.

Puesto que la producción ya no es capaz de valorizar todos los capitales acumulados, una parte creciente de ellos se queda bajo la forma de capital financiero. Se constituye una industria financiera que no deja de refinar el arte de hacer dinero comprando y vendiendo solamente diversas formas de dinero. El dinero mismo es la única mercancía que produce la industria financiera a través de operaciones cada vez más arriesgadas y cada vez menos controlables en los mercados financieros. La masa de capital que la industria financiera drena y gestiona supera desde luego la masa de capital que valoriza la economía real (el total de los activos financieros representa 160.000 millones de millones de dólares, es decir de tres a cuatro veces el PIB mundial). El “valor” de este capital es puramente ficticio ; descansa en gran parte sobre el endeudamiento y el “good will”, es decir sobre anticipaciones : la Bolsa capitaliza el crecimiento futuro, los beneficios futuros de las empresas, el futuro alza de los precios inmobiliarios, las ganancias que podrán aportar las reestructuraciones, fusiones, concentraciones, etc.. Las cotizaciones de la Bolsa se hinchan de capitales y de sus plus-valías futuras : los bancos incitan a las familias a comprar (entre otras cosas) acciones y certificados de inversión inmobiliaria, a acelerar así el alza de las cotizaciones, a pedir prestado a sus bancos importes crecientes en la medida que aumenta su capital ficticio bursátil.

La capitalización de las anticipaciones de beneficios y crecimiento mantiene un endeudamiento creciente, alimenta la economía en liquidez, debidos al reciclaje bancario de plus-valías ficticias, y permite a los Estados-Unidos un “crecimiento económico” que, basado en el endeudamiento interno y externo, es claramente el motor principal del crecimiento mundial (incluso del crecimiento chino). La economía real se convierte en un apéndice de las burbujas especulativas sustentadas por la industria financiera. Hasta el inevitable momento en que las burbujas estallan, arrastran a los bancos hacia bancarrotas en cadena que amenazan de colapsar el sistema mundial de crédito, y que amenazan a la economía real de una depresión severa y prolongada (la depresión japonesa dura ya quince años).

Siempre podremos culpar a la especulación, a los paraísos fiscales, a la opacidad y a la falta de control de la industria financiera (en particular los “hedge funds”), pero la amenaza de depresión, incluso de colapso que pesa sobre la economía mundial, no se debe a la falta de control : se debe a la incapacidad del capitalismo de reproducirse. Sólo se perpetua y funciona sobre bases ficticias cada vez más precarias. Pretender la redistribución, a través del impuesto, de las plus-valías ficticias de las burbujas precipitaría exactamente lo que intenta evitar la industria financiera : la desvalorización de masas gigantescas de activos financieros y la quiebra del sistema bancario. La “reestructuración ecológica” sólo puede agravar la crisis del sistema. Es imposible evitar una catástrofe climática sin romper de manera radical con los métodos y la lógica económica que impera desde hace 150 años. Si prolongamos la tendencia actual, se multiplicará el PIB mundial por un factor 3 o 4 hasta el 2050. Sin embargo, según el informe del Consejo sobre el Clima de la ONU, las emisiones de CO2 tendrán que disminuir de un 85% hasta esta fecha para limitar el calentamiento climático a 2ºC máximo. Más allá de 2ºC, las consecuencias serán irreversibles y no controlables.

Por tanto el decrecimiento es un imperativo de superviviencia. Pero supone otra economía, otro estilo de vida, otra civilización, otras relaciones sociales. Sin estas premisas, sólo se podrá evitar el colapso a través de restricciones, racionamientos, repartos autoritarios de recursos característicos de una economía de guerra. Por tanto la salida del capitalismo tendrá lugar sí o sí, de forma civilizada o bárbara. Sólo se plantea la cuestión del tipo de salida y su ritmo con el cual va a tener lugar.

Ya conocemos la forma bárbara. Prevalece en varias regiones de África, dominadas por jefes de guerra, por el saqueo de las ruinas de la modernidad, las masacres y tráfico de seres humanos, en un panorama de hambrunas. Los tres Mad Max eran novelas de anticipación. _En cambio, no se suele plantear una forma civilizada de salida del capitalismo. La evocación de la catástrofe climática que nos amenaza conduce generalmente a considerar un necesario “cambio de mentalidad”, pero la naturaleza de este cambio, las condiciones que lo hacen posible, los obstáculos que hay que saltar parecen desafiar la imaginación. Proyectar otra economía, otras relaciones sociales, otros métodos y medios de producción y otros modos de vida se tacha de “irrealista”, como si la sociedad de la mercancía, del asalariado y del dinero fuera infranqueable. En realidad una multidud de indicios convergentes sugieren que ya se ha iniciado esta superación y que las probabilidades de una salida civilizada del capitalismo dependen ante todo de nuestra capacidad de distinguir las tendencias y las prácticas que anuncian su factibilidad.

[2] El capitalismo debe su expansión y su dominación al poder que ha adquirido en un siglo, tanto en la producción como en el consumo. Al privar primero a los obreros de sus medios de trabajo y de sus productos, se ha garantizado progresivamente el monopolio de los medios de producción y ha conseguido subsumir el trabajo. Con la especialización, la división y la mecanización del trabajo en grandes instalaciones, los trabajadores se convirtieron en los apéndices de las megamáquinas del capital. Se tornó así imposible para los productores apropiarse de los medios de producción. Gracias a la eliminación del poder de aquéllos sobre la naturaleza y el destino de los productos, se ha asegurado al capital el cuasi-monopolio de la oferta, es decir el poder de anteponer en todos los ámbitos las producciones y los consumos más rentables, así como el poder de crear los gustos y deseos de los consumidores y la manera con la que iban a satisfacer sus necesidades. Este poder es el que la revolución informacional empieza a agrietar.

En un primer momento, el objetivo de la informatización fue la reducción de los costes de producción. Para evitar que esta reducción de costes conllevara la correspondiente baja de los precios de las mercancías, había que, en la medida de lo posible, sustraerlas a las leyes del mercado. Esta sustracción consistía en conferir a las mercancías cualidades incomparables gracias a las que parecen no tener equivalente y dejan de ser por tanto simples mercancías.

El valor comercial (el precio) de los productos tenía, por lo tanto, que depender más de sus cualidades inmateriales no medibles que de su utilidad (valor de uso) sustancial. Estas cualidades inmateriales -el estilo, la novedad, el prestigio de la marca, la rareza o “exclusividad”- tenía que conferir a los productos un estatuto comparable al de las obras de arte. Éstas últimas tienen un valor intrínseco : no existe ningún patrón que permita establecer entre ellas una relación de equivalencia o “precio justo”. No son por tanto verdaderas mercancías. Su precio depende de la rareza, de la reputación del creador, del deseo del comprador eventual. Las cualidades inmateriales incomparables proporcionan a la empresa productiva el equivalente de un monopolio y la posibilidad de asegurarse una renta de novedad, rareza, exclusividad. Esta renta esconde, compensa y a menudo sobrecompensa la disminución del valor en su aceptación económica que la reducción de los costes de producción genera para los productos en tanto que mercancías por esencia intercambiables entre sí según la relación de equivalencia. De un punto de vista económico, la innovación no crea valor : es el medio para crear una rareza fuente de renta y conseguir un sobreprecio en detrimento de los productos competidores. La parte de la renta en el precio de una mercancía puede ser diez, veinte o cincuenta veces más grande que su coste de producción, y no sólo se aplica a los artículos de lujo ; también se aplica a los artículos del día a día como zapatillas de deporte, camisetas, móviles, discos, pantalones vaqueros, etc..

Sin embargo, la renta no tiene la misma naturaleza que el beneficio : no corresponde a la creación de un aumento de valor, de una plus-valía. Redistribuye la masa total del valor a favor de las empresas rentistas y en detrimento de los otros ; no aumenta esta masa [nota 1].

Cuando el incremento de la renta se convierte en la meta determinante de la política de las empresas -más importante que el beneficio que, por su parte, choca con el límite interno que hemos indicado antes- la competencia entre empresas descansa ante todo sobre su capacidad y rapidez de innovación. De ella depende ante todo la amplitud de su renta. Por tanto intentan superarse con el lanzamiento de nuevos productos o modelos o estilos, con la originalidad del diseño, con la inventiva de sus campañas de marketing, con la “personalización” de sus productos. La aceleración de la obsolescencia, que va de la mano con la menor durabilidad de los productos y de la menor facilidad para repararlos, se convierte en el medio decisivo para aumentar el volumen de ventas. Obliga a las empresas a inventar continuamente necesidades y deseos nuevos, a atribuir a las mercancías un valor simbólico, social, erótico, a difundir una “cultura del consumo” que apuesta por la individualización, singularización, rivalidad, envidia, es decir, lo que he llamado en otro escrito la “socialización antisocial”.

En este sistema todo se opone a la autonomía de los individuos ; a su capacidad de reflexionar juntos sobre sus objetivos y necesidades comunes ; de concertarse sobre la mejor manera de eliminar el despilfarro, de ahorrar recursos, de elaborar juntos, como productores y consumidores, una norma común de lo suficiente -lo que Jacques Delors llamaba una “abundancia frugal”. Sin duda alguna, la ruptura con la tendencia del “producir más, consumir más” y la redefinición autónoma de un modelo de vida que aspira a hacer más y mejor con menos, supone la ruptura con una civilización donde no se produce nada de lo que se consume y no se consume nada de lo que se produce ; donde los productores y consumidores están separados y donde cada uno se opone a sí mismo ya que es siempre lo uno y lo otro a la vez ; donde todas las necesidades y todos los deseos se centran en la necesidad de ganar dinero y el deseo de ganar más ; donde la posibilidad de autoproducción para el autoconsumo parece fuera de alcance y ridículamente arcaico – sin razón.

Sin embargo, la “dictadura de las necesidades” pierde fuerza. La influencia que las empresas ejercen sobre los consumidores se vuelve más débil a pesar del aumento exponencial de los gastos para el marketing y la publicidad. La tendencia a la autoproducción gana de nuevo terreno gracias al peso creciente que tienen los contenidos inmateriales en la naturaleza de las mercancías. El monopolio de la oferta escapa poco a poco al capital.

No era difícil privatizar y monopolizar contenidos inmateriales mientras los conocimientos, ideas, conceptos utilizados en la producción y concepción de las mercancías se definían en función de máquinas y de artículos en los que se incorporaban para un uso concreto. Máquinas y artículos se podían patentar y la posición de monopolio quedaba protegida. La propiedad privada de los conocimientos y de los conceptos se hacía posible, ya que eran inseparables de los objetos que les materializaban. Eran un componente del capital fijo.

Pero todo cambia en el momento en que los contenidos inmateriales no son inseparables de los productos que los contienen, ni siquiera de las personas que los poseen ; cuando acceden a una existencia independiente de todo uso particular y se convierten en susceptibles de ser reproducidos en cantidades ilimitadas por un coste ínfimo, tras su traducción en programas. Entonces se pueden convertir en un bien abundante que, por su disponibilidad ilimitada, pierde cualquier valor de cambio y cae en el dominio público como bien común gratuito – salvo si se consigue impedirlo al prohibir el acceso y el uso ilimitados para los cuales está hecho.

El problema que enfrenta “la economía del conocimiento” proviene del hecho de que la dimensión inmaterial de la que depende la rentabilidad de las mercancías no es, en la edad de la informática, de la misma naturaleza que éstas últimas : no es propiedad privada ni de las empresas ni de sus colaboradores ; no tiene un carácter privatizable y no puede por consiguiente convertirse en una verdadera mercancía. Sólo se puede disfrazar de propiedad privada y mercancía al reservar su uso exclusivo a través de artimañas jurídicas o técnicas (códigos de acceso secretos). No obstante este disfraz no cambia nada a la realidad de bien común del bien así disfrazado : sigue siendo una no-mercancía no vendible cuyo acceso y uso libres están prohibidos porque permanecen siempre posibles, porque le amenaza las “copias ilícitas”, las “imitaciones”, los usos prohibidos. Incluso el autodenomidado propietario no los puede vender, es decir transferir la propiedad privada a otro, como lo haría con una verdadera mercancía ; sólo puede vender un derecho de acceso o de uso “bajo licencia”.

Así la economía del conocimiento se basa en una riqueza cuya vocación es la de ser un bien común, y los patentes y copyrights que debieran privatizarlo no cambian nada : la era de la gratuidad se expande de manera irrefrenable. La informática y el Internet atacan las bases del reino de la mercancía. Todo lo que se traduce en lenguaje numérico y reproducible, comunicable sin gastos tiende irresistiblemente a convertirse en un bien común, incluso en un bien común universal cuando es accesible a todos y utilizable por todos. Cualquiera puede reproducir con su ordenador contenidos inmateriales como el diseño, planes de construcción o de montaje, fórmulas y ecuaciones químicas ; inventar sus propios estilos y formas ; imprimir textos, grabar discos, reproducir tablas. Más de 200 millones de referencias están actualmente accesibles bajo licencia “creative commons”. En Brasil, donde la industria del disco comercializa 15 nuevos discos al año, los jóvenes de las favelas graban 80 discos por semana y los difunden en la calle. Las tres cuartas partes de los ordenadores fabricados en 2004 se construyeron en favelas con los componentes de materiales desechados. El gobierno apoya a las cooperativas y agrupaciones informales de autoproducción para el auto-abastecimiento. Claudio Prado, que dirige el departamento de cultura numérica en el ministerio de Cultura de Brasil, hace poco : “El empleo es una especie en vía de extinción Tenemos la intención de saltarnos esta fase sin interés del siglo XX para pasar directamente del siglo XIX al siglo XXI”. Por ejemplo se ha apoyado oficialmente la autoproducción de ordenadores : se trata de favorecer la “apropiación de las tecnologías por los usuarios con un objetivo de transformación social”. La próxima etapa será lógicamente la autoproducción de medios de producción. Volveré sobre este tema.

Lo importante por el momento es que la principal fuerza productiva y la principal fuente de rentas caen progresivamente en el dominio público y tienden hacia la gratuidad ; que la propiedad privada de los medios de producción y por tanto el monopolio de la oferta son cada vez menos posibles ; que por consiguiente la influencia del capital sobre el consumo se relaja y éste puede tender a emanciparse de la oferta mercantil. Se trata aquí de una ruptura que ataca la base del capitalismo. La lucha emprendida entre los “programas propietarios” y los “programas libres” (libre, “free”, es también el equivalente en inglés de “gratuito”) ha sido el inicio del conflicto central de esta época. Se extiende y se prolonga en la lucha contra la mercantilización de las riquezas primas -la tierra, las semillas, el genoma, los bienes culturales, los saberes y las competencias comunes que constituyen la cultura cotidiana y que son las condiciones previas a la existencia de una sociedad. Del resultado de esta lucha dependerá que la salida del capitalismo tenga lugar de forma civilizada o bárbara.

Salir del capitalismo implica necesariamente nuestra emancipación de la influencia que ejerce el capital sobre el consumo y de su monopolio sobre los medios de producción. Significa restablecer la unidad del sujeto de la producción y del sujeto del consumo y retomar la autonomía en la definición de nuestras necesidades y de su modo de satisfacción. El obstáculo insalvable que el capitalismo había colocado en este camino era el carácter mismo de los medios de producción que había creado : constituían una megamáquina donde todos eran sirvientes y que nos dictaba qué fines perseguir y qué vida llevar. Este periodo llega a su fin. Los medios de autoproducción high-tech convierten la megamáquina industrial en virtualmente obsoleta. Claudio Prado alega “la apropriación de las tecnologías” porque todos pueden apropiarse la clave común de todas : la informática. Porque, como lo pedía Iván Illich, “cada uno puede utilizarla sin dificultad tan a menudo o tan poco como lo desea” sin que el uso que hace de ella usurpe la libertad de otros de hacer lo mismo” ; y porque este uso (se trata de la definición de Illich de las herramientas conviviales) “estimula la realización personal” y amplía la autonomía de todos. La definición que Pekka Himanen da de la Etica Hacker es bastante parecida : un modo de vida que antepone “la felicidad de la amistad, del amor, de la libre cooperación y de la creatividad personal”.

Las herramientas high-tech existentes o en curso de desarrollo, generalmente comparables a periféricos de ordenadores, apuntan hacia un futuro donde prácticamente todo lo necesario y deseable podrá ser producido en talleres cooperativos o comunales ; donde las actividades de producción se podrán combinar con el aprendizaje y la enseñanza, con la experimentación y la investigación, con la creación de nuevos gustos, perfumes y materiales, con la invención de nuevas formas y técnicas agrícolas, de construcción, de medicinas, etc.. Los talleres comunales de autoproducción estarán interconectados a escala global y podrán intercambiar o poner en común sus experiencias, invenciones, ideas, descubrimientos. El trabajo será productor de cultura, la autoproducción un modo de plenitud.
Dos circunstancias abogan en favor de este tipo de desarrollo. La primera es que existe bastante más know-how, talento y creatividad de lo que la economía capitalista es capaz de utilizar. Este excedente de recursos humanos sólo puede ser productivo en una economía donde la creación de riqueza no se someta a criterios de rentabilidad. La segunda es que “el empleo es una especie en vía de extinción”.

No digo que estas transformaciones radicales vayan a tener lugar. Sólo digo que por primera vez podemos querer que se realicen. Los medios existen, así como la gente que los ponen en práctica metódicamente. Es probable que sean los sur-americanos o sur-africanos los primeros que decidan recrear en los suburbios desheredados de las ciudades europeas los talleres de autoproducción de su favela o de su township de origen.

André Gorz, el 17/09/2007.

Traducción y revisión de Florent Marcellesi y Lara Pérez Dueñas.

Notas

1. El valor trabajo es una idea de Adam Smith, que veía en el trabajo la sustancia común de todas las mercancías y pensaba que éstas se intercambiaban según la cantidad de trabajo que contenían. El valor trabajo no tiene nada que ver con lo que entenderíamos hoy en día y que (en el caso de Dominique Méda y otros) se tendría que designar como trabajo valor (valor moral, social, ideológico, etc.). Marx afinó y siguió trabajando en la teoría de A. Smith. Simplificando al máximo, se puede resumir la noción económica de la manera siguiente : una empresa crea valor al producir una mercancía vendible con trabajo para cuya remuneración pone en circulación (crea, distribuye) poder adquisitivo. Si su actividad no aumenta la cantidad de dinero en circulación, no crea valor. Si su actividad destruye empleo, destruye valor. La renta de monopolio consume el valor creado en otras partes y se lo apropia.

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La Gran Crisis Financiera: Causas y Consecuencias

Agosto 2, 2009 · 4 comentarios

Con todas sus limitaciones y flagrantes contradicciones, el hecho de que haya surgido un periódico como Público permite que, de vez en cuando, se amplíe un poco el registro de referencias a la hora de estudiar de qué está hecho eso que llamamos “actualidad”. Hoy aparecía este artículo de Ernesto Ekáizer que resume La Gran Crisis Financiera: Causas y Consecuencias, libro a cargo de John Bellamy Foster y de Fred Magdoff, editores de la veterana Monthly Review. Esto no pasa en El País. Al menos desde hace mucho tiempo.

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Los profesores Bellamy Foster y Magdoff analizan paso a paso la política que ha llevado a la peor recesión desde la Gran Depresión

ERNESTO EKÁIZER – 02/08/2009 08:00

El 14 de julio de 2008, la revista satírica norteamericana The Onion (La Cebolla) publicó un artículo sobre la crisis que lo decía todo. O casi todo. “Una nación plagada de recesión demanda nueva burbuja para invertir” rezaba el titular. “La economía norteamericana no puede sobrevivir solamente en base a inversiones sanas. La demanda de una nueva burbuja de inversiones ha empezado hace algunos meses cuando explotó la burbuja de las hipotecas subprime y dejó al mundo de los negocios sin una fuente cómoda de beneficios”. La revista fabulaba en clave de humor. “América necesita otra burbuja. A estas alturas, las burbujas son la única cosa que nos mantiene a flote”.

Los primeros aldabonazos de la crisis económico-financiera internacional tuvieron lugar el 12 de junio de 2007, cuando dos fondos de alto riesgo del banco de negocios norteamericano Bear Stearns suspendieron sus actividades por sus inversiones especulativas en hipotecas subprime, el término de Wall Street para etiquetar las hipotecas basura, pero no fue hasta la primera semana de agosto de 2007 cuando, según ha declarado Alan Greenspan, “todo el edificio intelectual [sobre el que descansaba el sistema] se vino abajo”. Siete años antes, el propio Greenspan, al timón del banco central norteamericano, especulaba con las probabilidades de una gran crisis. Fue el 13 de enero de 2000, ante la asamblea del selecto Economic Club de Nueva York.

“Cuando echemos una ojeada a los años noventa desde, digamos, la perspectiva del año 2010, la naturaleza de las fuerzas actualmente en acción serán más claras. Podremos concluir, desde esa posición adelantada, que en el cambio del Milenio, la economía americana experimentaba una aceleración de innovaciones tecnológicas que ocurre una vez en un siglo y que propulsa hacia adelante la productividad, la actividad, los beneficios empresariales y los precios de las acciones a un ritmo no visto durante generaciones o acaso nunca”.

“Una de las tantas burbujas de euforia especulativa”

Pero El Maestro, como entonces se le llamaba, fue más lejos: “Alternativamente, esa visión retrospectiva desde 2010, bien puede concluir que una gran parte de lo que estamos viviendo es solamente una de las tantas burbujas de euforia especulativa conocidas en la historia de la humanidad”. Toda una crónica anunciada de la crisis actual. Pero Greenspan matizó: “Y, por supuesto, no podemos descartar que al mirar hacia atrás concluyamos que elementos de los dos escenarios han estado en el campo de juego todos estos años”. Desde que Greenspan fuera designado en 1987 por el presidente Reagan para presidir la Reserva Federal, el tic tac de una bomba de relojería en el sistema financiero no dejó de sonar. La economía vivió sucesivamente el crash de la Bolsa de Nueva York, en octubre de 1987; la crisis de las cajas de ahorro; la quiebra del fondo Long-Term Capital Management (LTCM); el auge y caída de los valores tecnológicos. Y fuera de EEUU, la crisis en América Latina, en Asia y Rusia, precedidas por la larga deflación en Japón.

Precisamente, la editorial Fondo de Cultura Económica (FCE) prepara estos días la publicación de un pequeño libro que fue analizando paso a paso la política que ha provocado lo que ya es la crisis más importante desde la II Guerra Mundial: son 19 meses contados desde diciembre de 2007, fecha oficial del comienzo de la actual recesión, lo que supera en duración a las de 1974 y 1981.

El crecimiento rápido y el aumento del empleo son etapas asociadas a la burbuja

The Great Financial Crisis: Causes and Consequences, publicados a primeros de 2009 en EEUU, reúne los trabajos de los profesores norteamericanos John Bellamy Foster, de la Universidad de Oregón, y Fred Magdoff, de la Universidad de Vermont, Burlington, ambos editores de la revista de izquierda Monthly Review. Los autores añadieron a sus trabajos ya publicados un texto de valoración del estallido escrito en diciembre de 2008 para la edición del libro. Ya en mayo de 2006, los autores abordan como tema central la deuda pendiente de los hogares norteamericanos y muestran hasta qué punto su crecimiento como porcentaje de la renta disponible es insostenible, pasando del 90% aproximadamente en 1995 a 96,8% en 2000 y al 127,2% en 2005. En noviembre de 2006, relacionan el crecimiento del endeudamiento con la especulación financiera y mediante cuadros estadísticos precisos muestran cómo las empresas del sector financiero de la economía norteamericana pasan de representar un 10% del endeudamiento de EEUU en 1975 al 30% en 2005. Sentencian: “La asunción de deuda por parte de las entidades financieras para alimentar la especulación tiene muy poco o ningún efecto de estímulo sobre la producción”.

Lo tienen claro en diciembre de 2006. La explosión de los productos financieros y la innovación extraordinaria en este sector de la economía es el corolario del estancamiento de las oportunidades de inversión en la industria tradicional. En 2006, pues, sostienen que la economía está tocada. Las innovaciones en el sector financiero sobre las que tanta esperanza tenía un Greenspan que acaba de abandonar su puesto se convierten en potente arma de destrucción masiva, según la célebre definición del multimillonario Warren Buffett en 2002. ¿Y en materia tecnológica? El iPod es lo que hay. Y no habrá más.

El “gran shock”

Bellamy Foster y Magdoff describen dos alternativas. Primera: “Un terremoto financiero global y una deflación de deuda”. Segunda: “La prolongación indefinida de la doble contradicción de un estancamiento y explosión financiera, incluyendo un gran shock del sistema”. Esto ha sido escrito en diciembre de 2006. La Reserva Federal, tardíamente, comienza a prepara el “gran shock” con la subida de tipos: el pinchazo de la burbuja de la vivienda.

En abril de 2008, los autores apuntan: “Esta no es simplemente otra crisis masiva de crédito [credit crunch] tan familiar en la historia del capitalismo sino una nueva fase en el desarrollo de las contradicciones del sistema de capital monopolista-financiero”.

¿Qué se agita en la profundidad de la crisis?

La desigualdad en la distribución de la renta. Advierten que en EEUU, la participación de los salarios cae en el PIB desde el 50% en 1968 a menos de 46% en 2005, mientras los beneficios, los sueldos y bonos de los ejecutivos, subían hasta niveles de ciencia ficción. La paradoja: “El consumo de los hogares continuó aumentando desde poco más del 60% del PIB a alrededor del 70% en 2007″. He aquí el talismán: un endeudamiento imparable, basado en el incremento ficticio de la riqueza de los hogares representado por la burbuja de los precios de la vivienda y el efecto riqueza en el mercado bursátil.

El pinchazo de la burbuja inmobiliaria acabará con esta quimera. Pero la economía norteamericana tras contaminar al resto del mundo se llevará automáticamente por delante a la economía internacional vinculada a EEUU en muchos casos a través de gigantescas inversiones en las hipotecas subprime y otros y por el efecto de otras burbujas de la vivienda autóctonas (casos de Irlanda, España y Reino Unido). A través del libro van brotando las teorías de Marx, Keynes, Hansen, Schumpeter, Kalecki, Sweezy, Baran, Galbraith y Minsky en una síntesis que permite desmitificar las causas y consecuencias de la Gran Recesión de 2008 y saber por qué en el horizonte de salida de esta recesión se dibuja una larga fase de estancamiento y desempleo.

Conclusión: Bellamy Foster y Magdoff cuestionan a lo largo de 160 páginas ilustradas con cuadros estadísticos accesibles para el público no iniciado, la teoría oficial de que la economía capitalista tiende naturalmente hacia el equilibrio del crecimiento acelerado y el pleno empleo. Más bien lo contrario: el crecimiento lento, el empleo precario, el desempleo crónico, y el exceso de capacidad productiva encadenan los eslabones del funcionamiento de una economía la capitalista en su estado normal. El crecimiento rápido y el aumento del empleo son más bien etapas excepcionales asociadas, precisamente, a la economía de la burbuja.

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“Adiós, clase media, adiós”.

Mayo 31, 2009 · 12 comentarios

Un artículo en la línea apocalíptica “que-viene-la-crisis-cierren-filas” inaugurada por El País hace unos meses, y que ha dado soberbias muestras como aquel reportaje que presentaba a Islandia como un futuro paisaje de Mad Max, en una pavorosa acumulación de síntomas, todos colocados al mismo nivel: préstamos del FMI, familias en bancarrota, y lo peor de todo: ¡la Orquesta Nacional sin poder hacer una gira por Asia!

(Debo este ‘insight’ a mi hermana Pepa, que tranquilizó mis nervios – “¡Islandia financiada por el FMI! ¡Perros y gatos durmiendo juntos!: ¡vamos a morir todos!” cuando le envié aquel reportaje)

La nueva “clase emergente” parecen ser los “mileuristas”: ¡hay libros sobre ellos, y hasta una película! De hecho, en el artículo no se utiliza el término “emergente”, sino “dominante”. Nada menos. “Hasta los políticos comienzan a mirar hacia ellos”. ¡Hasta los políticos! Acabáramos. “Dominantes”, ¿de qué? cabría preguntarse. ¿Con respecto a quién?

El País nos ofrece otras exclusivas: “Incluso en el periodo de mayor bonanza económica los sueldos cayeron”. Menos mal que los periodistas están siempre alerta, preparados para informarnos en todo momento (aunque ese momento sea el de hace diez años, cuando algunos “idealistas” ya habían empezado a alertar de esos pequeños detalles).

Y otra más:

“La marcada frontera que separaba la clase media de la exclusión y de los pobres se está derrumbando a golpes de pica como lo hizo el muro de Berlín, y algunos se preguntan si tal vez la caída del telón de acero no haya marcado el inicio del fin de conquistas sociales y laborales que costaron siglos (y tanta sangre), una vez que el capitalismo se encontró de repente sin enemigo”.

Aun con todo, el artículo resulta interesante como síntoma, y ofrece un par de reflexiones útiles, de la mano del periodista Massimo Gaggi y del economista Eduardo Narduzzi, autores de El fin de la clase media y el nacimiento de la sociedad de bajo coste (Lengua de Trapo):

“Nosotros hablábamos de la aparición de una clase de la masa, es decir, de una dimensión social sin clasificación que de hecho contiene todas las categorías, con excepción de los pobres, que están excluidos, y de los nuevos aristócratas. La clase media era la accionista de financiación del Estado de bienestar, y su desaparición implica la crisis del welfare state, porque la clase de la masa ya no tiene interés en permitir impuestos elevados como contrapartida política que hay que conceder a la clase obrera, que también se ha visto en buena parte absorbida por la clase de la masa. La sociedad que surge es menos estable y, como denunciábamos, potencialmente más atraída por las alarmas políticas reaccionarias capaces de intercambiar mayor bienestar por menos democracia. También es una sociedad sin una clara identidad de valores compartidos, por lo tanto, es oportunista, consumista y sin proyectos a largo plazo”.

Una descripción algo simple, entiendo: resulta muy fácil crear una macrocategoría como “clase de la masa” y meter a todo el mundo ahí. Pero sí señala la polarización que la acentuación de las desigualdades va a traer. Una polarización hacia la que la izquierda debe estar atenta. Lejos de representar una oportunidad política, esta crisis puede desembocar en un rebrote de la extrema derecha.

Sin embargo, el artículo nos tranquiliza inmediatamente respecto al surgimiento de movimientos políticos e “ideologías”:

“Puede que no sea muy romántico advertir de que, tampoco esta vez, seremos testigos de una revolución, pero es muy probable que la caída del bienestar se acepte con resignación, sin grandes algaradas, ante la indiferencia del poder político, que llevará sus pasos hacia la política-espectáculo, muy en la línea de algunas apariciones de Silvio Berlusconi o Nicolas Sarkozy, cuya vida social tiene más protagonismo en los medios de comunicación que las medidas que adoptan como responsables de Gobierno”.

¿Es un lamento? ¿Es una constatación? ¿O es un resoplido de alivio? “Política-espectáculo”. Eso tenía otros nombres: Benjamin lo llamó “estetización de la política”. Y hay otro término, relacionado con el anterior: fascismo.

En algunos de sus tramos, el artículo sí ofrece, al menos, algunos datos no por conocidos o esperables menos ilustrativos:

“El declive de la clase media se extiende por todo el mundo desarrollado. En Alemania, por ejemplo, un informe de McKinsey publicado en mayo del año pasado, cuando lo peor de la crisis estaba aún por llegar, revelaba que la clase media -definida por todos aquellos que ganan entre el 70% y el 150% de la media de ingresos del país- había pasado de representar el 62% de la población en 2000 al 54%, y estimaba que para 2020 estaría muy por debajo del 50%.
En Francia, donde los mileuristas se denominan babylosers (bebés perdedores), el paro entre los licenciados universitarios ha pasado del 6% en 1973 al 30% actual. Y les separa un abismo salarial respecto a la generación de Mayo del 68, la que hizo la revolución: los jóvenes trabajadores que tiraban adoquines y contaban entonces con 30 años o menos sólo ganaban un 14% menos que sus compañeros de 50 años; ahora, la diferencia es del 40%. En Grecia, los mileuristas están aún peor, ya que su poder adquisitivo sólo alcanza para que les llamen “la generación de los 700 euros”.
En Estados Unidos, el fenómeno se asocia metafóricamente a Wal-Mart, la mayor cadena de distribución comercial del mundo, que da empleo a 1,3 millones de personas, aplicando una política de bajos precios a costa de salarios ínfimos – la hora se paga un 65% por debajo de la media del país -, sin apenas beneficios sociales y con importaciones masivas de productos extranjeros baratos procedentes de mercados emergentes, que están hundiendo la industria nacional. La walmartización de Estados Unidos ha sido denunciada en la anterior campaña presidencial tanto por los demócratas como por los republicanos”.

Y está, claro, el caso español:

“Uno de los datos más reveladores se encuentra en la Encuesta de Estructura Salarial del Instituto Nacional de Estadística (INE), un informe cuatrienal pero que desnuda la realidad sociolaboral como ninguna otra. Según la misma, el sueldo medio en España en 2006 (última vez que se realizó) era de 19.680 euros al año. Cuatro años antes, en 2002, era de 19.802 euros. Es decir, que en el periodo de mayor bonanza de la economía española, los sueldos no sólo no crecieron, sino que cayeron, más aún si se tiene en cuenta la inflación”.
(…)
En España, la Encuesta de Condiciones de Vida, realizada en 2007 por el INE, señalaba que casi 20 de cada 100 personas estaban por debajo del umbral de la pobreza. El último informe FOESSA sobre exclusión y desarrollo social en España, de Cáritas, resaltaba que hay un 12,2% de hogares “pobres integrados”, esto es, sectores integrados socialmente pero con ingresos insuficientes y con alto riesgo de engrosar las listas de la exclusión. Su futuro es más incierto que nunca, y muchos hablan de un lento proceso de desintegración del actual Estado de bienestar.
(…)
En España hay un dato aún más revelador del vértigo que siente la clase media cuando se asoma al abismo de inseguridad que le ofrece esta nueva etapa del capitalismo. El número de familias que tiene a todos sus miembros en paro ha sobrepasado el millón. Y peor aún, la tasa de paro de la persona de referencia del hogar -la que aporta más fondos y tiene el trabajo más estable- está ya en el 14,5%, muy similar a la del cónyuge o pareja (14,4%), cuyo sueldo se toma como un ingreso extra, mientras que la de los hijos se ha disparado cinco puntos en el primer trimestre y está en el 26,8%”.

El autor del reportaje, inmerso en la supuesta “objetividad periodística”, no puede por supuesto terminar de atar los cabos de esta situación. Y no es culpa suya. Supongo que en el otrora “diario independiente de la mañana” se recibiría mal la caida en un tendencioso señalamiento de la conexión existente entre los datos económicos (el sistema económico como fatalidad, encarnación posmoderna de la Providencia divina) y las formas políticas (decisiones – o inhibiciones, más bien – de los gobiernos elegidos democráticamente) que han llevado a esta situación.

De hecho, el autor sí llega a mencionar esa cuestión:

“Los sueldos se han desplomado pese a la prosperidad económica e independientemente del signo político del partido en el poder en los últimos años (desde 1995 han gobernado sucesivamente PSOE, PP y nuevamente PSOE). La riqueza creada en todos esos años ha ido a incrementar principalmente las llamadas rentas del capital”.

He empezado el post con bastante sarcasmo hacia el artículo. Pero ahora me doy cuenta de que quizás lo que haya allí sea en realidad un periodista luchando con el Libro de Estilo de su periódico, cuyas  últimas ediciones tal vez ya no permitan esa anticuada grosería que consistía en intentar explicar las relaciones causales entre diferentes fenómenos. El periodismo político y económico parece tomar como modelo, cada día más, a Iker Jiménez: “Nosotros sólo presentamos hechos. Después, que sea el espectador el que extraiga sus propias conclusiones”. Se suele contar aquello de la frecuente sustitución en la prensa de términos como “capitalismo” por “la economía”. Pero otros mecanismos van más allá: la omisión de las explicaciones es un arma ideológica poderosísima.

Me diréis que, por supuesto, no corresponde al periodista elaborar tal explicación. Para eso están los “expertos” (se cita a varios a lo largo del reportaje). Significativamente, no hay ninguno que aborde del todo esa conexión política. Tampoco es culpa del autor: tira de las novedades editoriales, los libros a mano. Lógico. Pero lo que quiero señalar es cómo se construye esa “lógica”. Y sugerir otra discusión, más allá de este artículo particular: ¿cuál es el papel del periodismo en este contexto de crisis? ¿Está la prensa haciendo realmente su trabajo? ¿En qué consiste exactamente su trabajo?

Este artículo de Ramón Muñoz ofrece al menos algunos datos. Nos corresponde a los lectores, efectivamente,  terminar de hacer ese trabajo. Hacer esa conexión. Y pensar sobre ella.

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Nation Ready To Be Lied To About Economy Again

Mayo 7, 2009 · Dejar un comentario

En el imprescindible The Onion:

Nation Ready To Be Lied To About Economy Again

May 4, 2009 | Issue 45•19

Nation ReadyAmericans demand to be told food prices are dropping.

Tired of hearing the grim truth about their economic future, Americans demanded that the bald-faced lies resume immediately, particularly whenever politicians feel the need to divulge another terrifying problem with Wall Street, the housing market, or any one of a hundred other ticking time bombs everyone was better off not knowing about.

In addition, citizens are requesting that the phrase, “It will only get worse before it gets better,” be permanently replaced with, “Things are going great. Enjoy yourselves.”

“I thought I wanted a new era of transparency and accountability, but honestly, I just can’t handle it,” Ohio resident Nathan Pletcher said. “All I ever hear about now is how my retirement has been pushed back 15 years and how I won’t be able to afford my daughter’s tuition when she grows up.”

“From now on, just tell me the bullshit I want to hear,” Pletcher added. “Tell me my savings are okay, everybody has a job, and we’re No. 1 again. Please, just lie to my face.”

The national call for decreased candor began last month, after the Department of Labor released another soul-crushing report that most Americans agreed “wasn’t helping anything” and “didn’t need to be so specific, at least.”

The report estimated that 663,000 private and public sector jobs were lost in the month of March—a revealing statistic many people found shockingly blunt. Responding to the new information, an overwhelming majority of citizens said they believe that, during these extremely uncertain times, our leaders have a responsibility to come together, sit the American people down, and lie through their teeth about everything from misappropriations of taxpayer dollars to the severity of the credit crisis.

“I don’t need to be constantly reminded that the lack of regulations on Wall Street compounded with failing institutions like AIG basically plunged the world economy into a global recession,” said 32-year-old office manager Alexis Harrington. “What I want is for someone to tell me with a straight face that the GDP is through the roof so that I can feel better and instantly forget what all these terms even mean.”

“For the first time in my life I know who the secretary of the treasury is,” Harrington continued. “And I don’t like it.”

Reluctantly informed citizens like Harrington have also asked that CEOs of the nation’s five largest banks release a joint statement saying that the October bailout worked perfectly, normal lending has resumed, and that we’re nowhere close to having the entire monetary system collapse upon itself like a house of cards.

According to a CBS News/New York Times poll, 98 percent of Americans no longer appreciate President Barack Obama’s attempts to break down the economic crisis into simple terms they can understand. Instead, many say the president should have the decency to insult their intelligence by using complex jargon to confuse and deceive them, perhaps even implying that the subprime mortgage fallout was just a big misunderstanding that resulted from a clerical error.

“I know when he’s telling the truth, and it bothers me,” recently laid-off schoolteacher Mary Hanover said of Obama. “He gets this serious expression on his face and says things like, ‘This is the worst economic crisis since the Great Depression.’ Who needs to hear that? For Christ’s sake, smile a bit and say we just found a diamond mine under Montana that’s going to pay for everything. I’ll believe you.”

“Please, treat me like a child. Treat me like a five-year-old,” Sacramento resident David Cooke, 64, wrote in a letter to Congress. “I lost everything when the Dow tanked, and I’m too old to start working again, so why punish me further by explaining in detail the clever ways these investment firms ripped me off and how they’re all going to get away with it?”

Thus far, many policymakers in Washington have responded favorably to their constituents’ requests, saying they respect and understand the public’s need for dishonesty.

“I think we can accommodate the American people on this,” Senate majority leader Harry Reid (D-NV) told reporters. “Why, just today we made excellent progress with GM, whose CEO Fritz Henderson told us that every penny of federal and taxpayer funds would go directly to the construction of three new auto plants in Detroit that will create over 90,000 new jobs and spark the economic rebound we’ve been waiting for.”

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